Poe -25 by Félix Molina

Un ruidito (‘Poe no ha muerto’, 25)

Poe, cansado del escritorio y la boquilla que le surtía el falso whisky de sus días y sus noches, reculó hacia el diván que le hacía las veces de camastro y –como en sueños— continuó escribiendo, en un duermevela donde medía las palabras a la luz oscilante de la linterna. Soñó entonces  —como si lo escribiese mentalmente— Un ruidito.

El señor Q. se agitaba en su cama con dosel mientras cualquier conciliación del sueño chocaba con un ruido. Minúsculo, prácticamente inapreciable, pero cierto. Pequeña y precisa, una sonata de dobleces de sábanas y de gasas finísimas –que no eran las suyas– se le agolpaba en el oído, para su inquietud. Intentaba entonces realizar otros gestos previos al descanso (pasar las páginas de un libro, sin apenas leerlo, de tan escamado que estaba; rezar, sin concentrarse en la oración), pero en todos venía a distinguir ese eco que le inquietaba.

Flotaba la sugerencia de que fueran sonidos procedentes de cámaras vecinas. La imaginación le llevaba al barranco con el que limitaba su casa –imposible cualquier ruido humano ahí– o a la calle habitualmente solitaria que era su otra frontera con el mundo. Pero eran tan conocidos, tan punzantes por familiares los ruidos que le acechaban cada noche de vigilia que solo podía achacarlos a él mismo. A su actividad.

Probó a mover un mueble próximo. Y otro se movió, a escasos segundos, en su cabeza de oyente. Descendió desde el dormitorio, temiendo –mientras percibía otros pasos pisar los peldaños– tanto su desazón como su caída. Recorrió leguas de un pasillo hacia el vestíbulo que se le hizo secular, poblado de retratos íntimos que –por vez primera– le infundieron pavor. Se detuvo finalmente en el recibidor, donde zarandeó paraguas, golpeó percheros, dejó caer bustos y cuadros, buscando otros ruidos distintos a los que no dejaba de oír. O el silencio.

En su desquiciamiento, giró la llave y abrió, deseando que el aire frío de la calle quebrase aquella pesadilla. Y se encontró con un hombre de idénticas facciones, en ropa de dormir, igual de aterido que él, con el mismo susto en el cuerpo y en el alma, sosteniendo también como podía el pomo de su puerta.

Justo en ese momento, algo vino a despertar a Poe.

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Ana Piera dice:

    ¡Buenísimo!

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    1. Si, este folletín como así le bautizamos con Félix Molina es espléndido saludos Juan

      Le gusta a 2 personas

  2. ¡A ver si pronto hasta en inglés! 🙂

    Le gusta a 1 persona

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