Monstruos por Alejandro Villaverde Viayra

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Imagen tomada de la red

Oro, quinto ciclo

El trabajo me llevaría más allá de la bruma.

Aunque me sentía como si fuera un mercenario, yendo a territorios ignotos con un encargo importante de gente todavía más importante, la verdad es que no era más que un oportunista y un malviviente. Para empezar, lo que me había posicionado en esta situación no era el ansia de exploración o un sentido del deber, ni si quiera se trataba de la profesión que desempeñaba, más bien fueron las deudas que había acumulado con mi adicción y la promesa de suficiente dinero para pagar dos veces esa cantidad.

No tenía amigos ni contactos, eso había sido otra condición explícita por la que habían acudido a mí. Porque no habría nadie que me extrañara o por lo menos nadie que notara mi ausencia.

Mi único trabajo sería acompañar un cargamento por todas sus paradas, asegurarme de que llegara a salvo a cada una de ellas. Yo no era un guerrero que pudiera sostener una espada, ni un contador que pudiera descubrir juegos sucios con una balanza; incluso que esté escribiendo esta historia se trata más bien de remedar el noble trabajo de un escriba.

Mi único consuelo, si pudiera llamarlo de alguna forma, era que todos en esta empresa estábamos en las mismas condiciones. Gente sin talento y sin opciones, ¿acaso era una misión suicida? No lo creo, demasiadas advertencias para ello, instrucciones específicas para volver exactamente por la ruta que se nos indicó, no aceptar la compañía de extraños y, sobre todo, evitar el mar desnudo, lo que sea que eso significara.

Me aseguré de comprar suficiente láudano para el viaje, no podía saber si podría procurarlo allá a donde iría.

Río, sexto ciclo

Aunque la bruma siempre era infranqueable para nosotros la gente común sin un pase real que nos permitiera cruzar por Kreuskatz, el alto concejo estaba más que familiarizado con rutas alternativas de salida. Será lo único que comentaré acerca de estos pensamientos herejes.

Tampoco diré nada sobre el camino de salida de la bruma, y en este caso no es porque intente ofuscarlo. Más bien es porque no sabría qué escribir.

Ascendimos (o por lo menos creo que eso hicimos) todos con los ojos vendados, sujetados a una cuerda que un vigilante del abismo usó para guiarnos. Él era el único que podía ver lo que había alrededor, pero no habló en ningún punto del trayecto. Ahora que estábamos en la superficie podía darme cuenta que no escuché ni un solo ruido mientras subía, ¿mis oídos también habían sido privados por medios desconocidos o era que no había sonido en ese paso?

El vigilante nos quitó las vendas en la cima, asintió y se zambulló de nuevo entre las nubes de bruma que rodeaban al imperio. Tenía la impresión de que éramos mucho menos personas que las que las que había visto el día anterior, pero ninguno pudo confirmar o desmentir esa creencia; éramos personas ruines que no nos habíamos tomado el tiempo de aprendernos las caras y los nombres de nuestros compañeros.

¿Qué más puedo decir de la superficie? Los insectos son diminutos, incluso parecen cantar para recibirnos. Estamos en un valle cubierto de flores azules, hacía nuestros costados se alzan montañas coronadas por un pico blanquecino. Cuando la brisa sopla, copos de nieve caen sobre nuestras cabezas y se derriten en segundos, son tan blancos como las montañas y no cortan la piel, muy diferente del hielo rojo y filoso que conocí toda mi vida. Se sentía como estar en un paraíso impoluto.

Mañana llegará el cargamento, por hoy deberemos dormir.

Espero traer suficiente láudano.

Horno, sexto ciclo.

Llegó el cargamento: vino, especias y una caja de herramientas para nosotros. Me tocó un mapa de la superficie que tenía marcada la altitud en distintos tonos de tintas y las estrellas como manchas negras. Descubrí que la mayoría de mis compañeros tenían mucho menos educación que yo, así que esa tarea recaerá en mí.

Nos dimos cuenta que tendríamos que organizarnos para poder sobrevivir y parodiando la estructura que nos había abandonado decidimos repartirnos títulos importantes: Yo era el maestro cartógrafo y sabio escriba de la expedición.

Por primera vez en mucho tiempo, me sentí vivo.

Vacío, sexto ciclo

Hablábamos la misma lengua que las personas de la superficie, aunque ellos lo hacen con menos sofisticación. Otra característica que tenían es que eran demasiado ingenuos.

Entre nuestro grupo teníamos un comerciante que había perdido su licencia por timador y poner a en uso sus talentos consiguió que pudiéramos llevarnos nuestra propia tajada; su éxito fue tan rotundo que los nativos creyeron que estábamos beneficiándolos a ellos. Incluso nos llamaron amigos y hombres honestos.

Las ganancias la derrochamos en alcohol.

A pesar de ser escoria yo no era un criminal. ¿Debía sentirme aliviado de mi superioridad moral o lamentarme por haber sido agrupado con estos hombres?

Seguiríamos circundando las montañas en lugar de ir directo hacia el norte como se nos ordenó, nos beneficiaríamos más de la mercancía de esta forma y, bueno, algunos planteaban que volver sería insensato si podíamos quedarnos con el dinero y huir, empezar nuestras vidas en un mejor sitio que el imperio. La superficie era un campo listo para cosecharse.

Hortaliza, sexto ciclo

Decidimos partir lo más pronto posible para no forzar la suerte.

En el camino encontramos a un viajero, iba vestido con ropas coloridas y con la cara muy maquillada, como si fuera parte de algún espectáculo teatral. Era amigable aunque su voz resultara tan molesta como el canto de un zorzal.

Estaba profundamente interesado, o interesada porque no estaba muy seguro de su sexo, en nuestros sueños y llamaba a la superficie la tierra de las ilusiones.

Aunque la mayoría desconfiábamos, algo en la forma en que se conducía hizo que se ganara nuestra confianza y terminamos por aceptarla como uno de nosotros, incluso cuando insultó cada uno de nuestros sueños sin pensarlo dos veces:

“Ni los reyes más poderosos han conseguido tales riquezas, ¿qué te hace pensar que podrías hacerte con ellas?” “¿Cómo una mujer podría amarte si lo que buscas en ella es ostentar tu poder por encima de su propia volición?”

Mi sueño fue el único que no fue cuestionado por nuestra invitada, pero no estuvo exento de la burla de nuestros acompañantes.

Es uno que confesaré con mayor detalle en estas páginas con el fin de proveer contexto: siempre había deseado conocer más sobre la superficie. Algo que había olvidado hasta esta expedición era que mi padre se había aventurado a través de la bruma y nunca había vuelto, y que mi madre había ido en su busca y tampoco lo había conseguido. Ahora yo también estaba sintiendo el llamado por la aventura.

Simplemente le dije que quería encontrar mi camino.

Plumas, sexto ciclo

“¿Seguirá descansando entre todas las flores?”

Esa frase se repetía una y otra vez en el sueño en el que vagaba por un campo de flores justo antes de que se inundara, sin embargo, desperté a una pesadilla.

La visitante se había marchado, en la tienda que le prestamos yacía el cadáver de uno de nuestros compañeros boca abajo sobre un charco de su propia sangre. Al girarlo nos dimos cuenta de que una daga estaba clavada justo en su corazón. Era el que más se había molestado por la burla de la invitada y asumimos que había decidido vengarse y la había atacado, combatieron y él terminó perdiendo, entonces nuestra invitada había escapado temerosa de lo que pudiéramos hacer los demás.

Esa fue la conclusión del escriba y por tanto la verdad.

Luna, sexto ciclo

“Los monstruos no existen, son solo una mentira para poder vivir en paz. La más sensata de las dos especies decidió ocultarse detrás de esa falsedad”.

Más frases extrañas en sueños todavía más raros. Ahora soñé con un teatro redondo, cada silla era un escenario en sí mismo; el escenario principal parecía no tener fin y sobre él seres como muñecos se armaban y se desarmaban con violencia. Se veían como humanos, sangraban y sufrían como humanos; pero ningún humano habría podido armarse de nuevo como lo habían hecho ellos luego de que el telón se cerrara en preparativo para la siguiente matanza.

El viaje continuó hacia el este. Aunque el mapa era correcto habíamos subestimado la distancia y las provisiones escaseaban. Alguien robó mi láudano y las pesadillas no han parado desde entonces.

Dejaré de escribir bajo la luna, estoy demasiado cansado para hacerlo.

Oro, sexto ciclo

En mis sueños, que seguían siendo del teatro, nuestra visitante de días atrás entró bailando a escena. Apenas llegó al centro y desperté. Cuando volví a dormir llegué nuevamente a ese momento y una vez más me encontré viendo el cielo a través de las rasgaduras en la tienda.

Perdimos a varios cuando intentamos consumir la flora local. Seguimos avanzando, el pueblo no debería estar más lejos que un par de días.

Vacío, séptimo ciclo

Antes de que pudiéramos siquiera ver el pueblo a la distancia, el aroma a sal nos recibió. Un aroma que se sentía familiar a pesar de que ninguno de nosotros lo hubiera olido antes; parecía ser que realmente la humanidad venía del mar.

Mi padre ya me había relatado de él en una carta, en sus sueños, y era casi como verlos desenvolverse en la realidad.

Incluso si la noche estaba llena de pesadillas la realidad parecía ser un sueño. Aunque perdimos varios más en el camino, entre suicidios y riñas internas, finalmente habíamos alcanzado el mar y su atracción era hipnótica.

Busqué láudano durante todo el día, incluso rogué por él, pero las respuestas que recibí más bien parecían querer contribuir a mis pesadillas.

“No hables de tus sueños, especialmente cuando sueñas sobre el espacio ocupado por nada. Los sueños que te conducen al tiempo antes de los nombres solo pueden terminar mal”

Hortaliza, séptimo ciclo

El sueño se había vuelto tan horripilante y persistente que no podía ni cerrar los ojos. Aunque las olas golpeando contra la superficie me arrullaban con una cadencia similar a la de la respiración, no tardaba en despertar bañado en sudor luego de lo que parecía ser una eternidad, sin embargo,  solo eran unos minutos los que habían transcurrido.

Resignado a no poder dormir salí de la posada a tientas, me encaminé a la costa y me quedé mirando el mar. La luz de la luna parecía crear espacios de luz entre la negra oscuridad del agua. En la superficie el líquido era cristalino, pero de noche se parecía mucho al mar que había en el abismo.

La chica que habíamos encontrado en el camino se acercó por atrás y se sentó junto a mí. Le pregunté si ella era la causante de las muertes y de nuestra mala fortuna.

“Fue piedad”, respondió y se levantó, caminando hacia el agua, pero sus pies no se hundieron, estaba caminando por encima de ella, “No es que el mundo se haya vuelto menos bello en su ausencia, más bien que sus ojos ya no podían ver la belleza”.

“No hay nada que temer por la ausencia de luz, así como no hay que temer a saberse vacío o perdido. Como son mortales, tienen miedo y se aferran al brillo más peligroso que pudiera haber”

Moví la cabeza confundido, sus palabras sonaban extrañas, probablemente producto de los días que llevaba sin dormir.

“Porque no fueron invitados es que pagan el precio y no se pueden aceptar piezas sueltas en el gran juego. Pero tú eres diferente, tú podrías recordarlo si tan solo miraras mis ojos”

El sonido de la respiración del mundo, ese era el oleaje, un idioma que podías comprender sin que te hablara o cantara. En sus ojos podía ver el tiempo transcurrir de un instante a milenios transcurridos en silencio, todos vertidos en mi mente.

Sus ojos se enterraron en mí como dagas, se colaron por las heridas que no sabía que tenía.

Hasta ese momento nunca había estado en casa. Hui de ahí antes de conocerla; me olvidé completamente de su existencia, pero aún podía recordar como se sentía estar en ella. No era un viaje de descubrimiento sino de redescubrimiento. Ella me había mostrado quien era yo en realidad.

“Nadie debería privarte del derecho de despertar”

Recordé como se tejen sueños y recuerdos con niebla, las formas más eficientes de robar el amor a alguien sin matarlo.

Estaba claro que lo mejor era pretender que yo no existía.

Blog de Alejandro Villaverde: Querido fantasma.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Ana Piera dice:

    Relato inquietante y misterioso, bien narrado. La búsqueda de uno mismo, saber quiénes sómos y que no importa lo perdidos que andemos siempre se puede encontrar respuestas.

    Le gusta a 2 personas

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