La traición por Ana Laura Piera

el
jose-leon-S1WNDtT6lUo-unsplash
Imagen tomada de Unsplash

En algún lugar lo había leído, o acaso fue el tema de una película, o tal vez un videojuego que jugó en casa de algún amigo; como haya sido, el caso es que la idea le retumbaba en el cerebro desde entonces. Era una idea loca, sucia, imposible, pero no podía evitar sentir una curiosidad malsana que lo llevó a dar el primer paso. 

Ocurrió en el baño mientras se cortaba las uñas, actividad despreciable, mas necesaria. Ya en alguna ocasión casi le había sacado un ojo a un compañero de la escuela porque eran demasiado largas. Igual que cuando pelaba manzanas y lograba una roja espiral continua y sin cortes, le satisfacía enormemente obtener un recorte perfecto sin arruinar la característica forma de media luna. Aquella ocasión no tiró las “lunitas” a la basura, cuidadosamente las juntó y las guardó. 

Otro día en que lo llevaron a la peluquería aprovechó una distracción del peluquero y que su madre estaba leyendo una revista de chismes para hacerse de unos mechones de su propio pelo. Con un rápido movimiento, digno de un carterista, se guardó en una bolsa del pantalón los húmedos cabellos. Una niña de larga cabellera rubia recién liberada de una cola de caballo se le quedó mirando extrañada, pero él le sacó la lengua, lo que bastó para que ofendida volteara hacia otro lado. 

Como si el universo conspirara para hacerle las cosas más fáciles, cayó enfermo de gripe. Se la pasó moqueando por tres días y sin que nadie se diera cuenta guardó en un frasquito el líquido viscoso y burbujeante que sacaba por la nariz. Después de eso consiguió más frascos para guardar otras cosas, entre ellas un buen pedazo de mierda, costras de heridas que desprendía a la fuerza, pestañas, cerilla de los oídos, etcétera. Cuando sintió que tenía bastantes muestras decidió dar el siguiente paso. 

Fue un acierto quedarse solo en casa aquella tarde alegando dolor de estómago mientras los demás salían a comprar helados y pasear por el centro. Si hubiera habido gente acompañándolo los hubiera alertado el asqueroso olor que despedían las muestras una vez destapadas y mezcladas en un recipiente de vidrio tomado de la cocina. No estaba seguro de qué hacer, pero le pareció apropiado intentar con el microondas, el calor tal vez serviría para despertar a la vida a aquella masa informe y maloliente. Programó el aparato en la potencia más alta por un minuto. Lo que siguió fue una sucesión de pequeñas explosiones y crujidos, salpicaduras al interior del micro y un olor a mierda horneada que lo hizo pensar por primera vez si lo que estaba haciendo no era una locura. Sacó con cuidado el recipiente y observó el contenido: se entusiasmó al ver que una parte se había levantado como cuando se esponja un pastel. “¡Un hálito de vida!”, pensó. Mas luego se abrió una burbuja en la superficie por donde salió un gas nauseabundo al mismo tiempo que su creación se desinflaba. 

Quedó devastado, pero no se dio por vencido. Siguió juntando secreciones: orina, lagañas, lo que se acumula entre los dedos de los pies cuando no te bañas por varios días. Se le ocurrió que debía mezclarlo con algo para unirlo a la cadena de la vida, así que agregó tierra y agua a la mezcla y lo puso al horno, aunque ahora al tradicional. 

Igual que la vez anterior, escogió un día cuando se encontraba solo. Todos habían ido a ver a los abuelos y él se excusó diciendo que tenía tareas que hacer. Por si las moscas abrió todas las ventanas de la casa y además en la cocina dejó a la mano cloro, escoba y trapeador listos en caso de un posible desastre. 

Después de poner la mezcla en el horno por algunos minutos la masa comenzó a levantarse, primero muy sutilmente, luego más y más mientras tomaba forma; forma humana. Acabó horneando una réplica de sí mismo, muy pequeña, no pasaba de 20 centímetros, mas le impactó el parecido. Era como una extraña galleta en la que podía reconocer sus facciones. Borró todo rastro y se llevó la “galleta” a su habitación. 

Puso a su gemelo debajo de la cama y rendido por la emoción del día cayó en un profundo sueño. Soñó que de alguna forma extraña cobraba vida y se encontraba frente a él, ahora con un tamaño mayor, y lo miraba fijamente. Pero dentro del sueño presintió algo: el sueño ya no era sueño, era la realidad. Abrió los ojos y ahí estaba su réplica, viva, respirando y latiendo… esperando algo. Ya no podía esconderla debajo de la cama, así que la metió en el clóset y cerró con llave. De inmediato supo que tenía entre manos algo muy especial. 

Aprendió a sacarle provecho; se encerraba en su cuarto y le ordenaba que hiciera sus tareas; el ser las hacía, no con excelencia, sino al mismo nivel con que las hubiera hecho él mismo. Era perfecto en su imperfección. Lo vistió con su ropa y lo envío a la escuela mientras él se quedaba descansando. Comenzó a pedirle cosas: “tráeme esto”, “haz aquello”. Se sentía como un rey con su esclavo. Sus padres salían temprano y nadie descubrió el engaño.

Un día su gemelo besó a Daniela, una de las niñas más feas del salón y fue el hazmerreír de todos. Se enteró por las redes sociales y entró en shock, sobre todo porque había fotos circulando. Nuevamente se aseguró de estar solo en casa para regañarlo e incluso lo amenazó con quitarle la vida. Su clon no decía nada, lo escuchaba sin expresión, solo el movimiento provocado por su respiración indicaba que estaba vivo, oyéndolo. 

La primera cuchillada lo tomó por sorpresa; alcanzó a ver que su réplica alzaba la mano para propinarle una más, la definitiva. El joven Frankenstein se deslizó en la muerte mientras su creación lo metía en una caja de plástico donde guardó el cuerpo y le vació una botella de ácido, limpió muy bien cualquier rastro de lo sucedido y se llevó la caja a enterrar a un lugar lejano. Después asumió por completo la personalidad de su hacedor. La pasión por Daniela había resultado ser mucho mayor a su lealtad. Con el amor no se juega. 

Blog de Ana Piera: Píldoras para soñar.

8 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Mik Way .T dice:

    Hola Ana, muy buen relato y muy original, el muchacho jugó a ser dios, y su creación terminó con él, muy bueno todo el proceso de la creación, me reia leyendo e imaginando, un placer leerlo. Saludos un abrazote¡¡

    Le gusta a 1 persona

    1. Ana Piera dice:

      😘Gracias!

      Me gusta

  2. Eres impredecible, inquietante, invasiva y toxica en tu CREAR, pero si no fueras asì, no disfrutarìa de tu arte…

    Le gusta a 1 persona

    1. Ana Piera dice:

      😘Gracias!

      Me gusta

  3. davidrubios dice:

    ¡Hola, Ana! Una recreación, un tanto escatológica de Frankenstein en un principio, y una deriva a esa figura de nuestro doble malvado que los alemanes llamaron doppelganger. Aunque visto lo visto, no sé si el original tenía un alma más oscura que su creación. Un lectura que impacta y atrapa a partes iguales. Un abrazo!

    Le gusta a 1 persona

    1. Ana Piera dice:

      Hola David! Gracias por tu comentario. También está el gollem judío…hay muchos relatos y tradiciones que tratan el tema. Lo cierto que me divertí escribiéndolo. No creas, si dudé un poco porque sí puede dar una sensación desagradable a los muy delicados pero bueno… jajaja Saludos!

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s