Sobre el escenario por Edgardo Villarreal

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Imagen tomada de Unsplash

Las sirenas no paran de sonar, una horrible cacofonía que daña más el espíritu que los oídos, y para hacer aún más ominoso el escenario, los destellos de las explosiones iluminan el cielo nocturno. Todo es como una obra de teatro, una macabra obra de teatro llena de miedo y de muerte.

Mi vida, la de todos, era tranquila y normal hasta que esto comenzó; a partir de esa primera explosión que derribó el edificio del parlamento, dio un giro que nunca creímos posible. Dábamos tanto por sentado. Ahora tenemos que luchar por cada instante, por cada respiro.

Es increíble lo que la arrogancia y malicia de dos hombres puede desatar.

Llevo semanas recorriendo las calles, resguardarse en cualquier construcción es resguardarse en una tumba; dentro no es seguro, afuera tienes una oportunidad, aunque mínima, de sobrevivir. Voy de un lugar a otro rapiñando lo que puedo: restos de comida, ropa para cubrirme del frío e incluso armas.

Hay lugares de sobra en donde encontrar vestimenta, rifles y pistolas, los cuerpos de los soldados (los nuestros y los del enemigo) tapizan las avenidas, las plazas públicas, los parques; encontrar alimento es algo muy diferente, cuando he tenido suerte he encontrado provisiones enlatadas, pero la mayoría del tiempo tengo que comerme los restos de algún perro o rata muerta; otras veces los tengo que cazar.

Me muevo principalmente cuando la noche está apunto de terminar y en las primeras horas de la mañana, antes de que las patrullas comiencen sus recorridos. No siempre es así y a veces tengo que cambiar mi rutina, en algunas ocaciones no puedo hacer nada durante varios días; en ese periodo de inactividad soy uno más de tantos cadáveres; cuando debo morir, muero. No hay riesgo alguno en hacerse pasar por alguien sin vida, después de todo es el papel que más se representa sobre este escenario.

Me duele saber que nuestros intérpretes sucumbieron; eso no quiere decir que los otros sean los vencedores, en un conflicto así no hay lado ganador y todos lo que perecen duelen de la misma forma. Sé que pronto tendré que huir de aquí, dejar los derruidos edificios y a mis queridos muertos que por tanto tiempo me han cuidado; escapar no me será fácil, mientras más me aleje del centro de la cuidad estaré más expuesto, pero es un riesgo que debo de tomar. Será mejor, así lo creo, que sólo esperar a que vengan los camiones a limpiar las calles; esos camiones no serán parte de nuestro reparto. 

Cuando salga de aquí tengo la esperanza de encontrar un lugar al que no haya alcanzado nuestro guion y resguardarme allí para sanar mis heridas mentales; las físicas no me importan tanto. Espero, también, poder comprender qué es lo que queda después de algo así, tan horrible, tan cruel, tan inhumano.

Porque cuando baje el telón, al final de la destrucción y de la matanza sin sentido, a nuestros grandiosos líderes, dramaturgos y directores de esta puesta en escena, lo único que les quedará serán ruinas y desolación. Subirán a lo alto de los escombros y miraran desde allí a todos los actores de su funesta obra y se creerán vencedores; estarán satisfechos de haber demostrado, a todos los espectadores, su poder. Lamentablemente, de lo único que nunca se darán cuenta, es de su ignorancia, codicia e intolerancia.

Mi blog: Algún lugar en la imaginación.

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