La estrella en la cajuela III (segunda edición) por Diego A. Moreno

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Imagen tomada de Pinterest

VIII

Mel Gibson dirigió el recorrido desde el asiento del copiloto y llegaron a un lugar que parecía estar deshabitado; un lote de antiguas bodegas les dio la lúgubre bienvenida, pero parecía que Mauricio podía ver a dos hombres que les hacían frenéticas señas para que se acercaran.

[—Estaciónate aquí —dijo Gibson.]

[—¿Sí conoces el lugar?]

[—¡Claro que sí! Aunque, bueno, hace tiempo que no venía, pero el dueño de estas viejas bodegas es fanático de la saga de Mad Max… Le gusta eso de las cosas post-apocalípticas con mucha acción.]

“¿No que no tenías amigos a la mano?”, exaltado se preguntó Mauricio. Sin embargo,  pensó que Mel Gibson era humano y a veces su mente le fallaba. Tal vez no quiso mencionar esta opción y por alguna razón se la guardó dentro de la manga de su psique.

Podían ver motocicletas, escuchar música heavy que provenía desde adentro del complejo, y olor a whiskey y cigarrillos… un lugar para gente con muchos cojones que necesitaba Gibson, de seguro.

Gibson saludó a los dos colosos que sostenían escopetas militares; cuando lo vieron de cerca, se sonrieron y les dijeron que pasaran inmediatamente, que su jefe se alegraría al ver a su icono favorito de sus años mozos. Los dos se adentraron en el lugar, que por dentro era un club lleno de mujeres de todas las razas, principalmente caucásicas, que eran disfrutadas por motociclistas y gente regular. Había féminas para todos, al por mayor. Mauricio se preguntaba por qué eran tan guapas esas mujeres,  de dónde habrían salido, si eran reales, y también se preguntaba por qué su libido no le respondía como antes. ¿Nervios? ¿Estrés? ¿El efecto Gibson?

“Creo que me estoy volviendo loco”, resolvió en su mente.

Llegaron a una habitación reservada para gente importante; algunos alcanzaron a reconocer a Mel Gibson; el más alto y robusto de todos se levantó de su sillón de piel, abrió sus brazos y dijo:

¡Mel-fucking-Gibson!

[—Estoy acostumbrado que me den ese tipo de bienvenidas —le dijo a Mauricio, con tono divertido.]

Con grandes sonrisas y prolongadas y fraternales alabanzas, se abrazaron. Gibson presentó a Mauricio como el hijo de un antiguo amigo mexicano. Luego se retiraron a otro cuarto del interior, este estaba repleto de figuras católicas: muchas vírgenes marías y cristos ensangrentados; también cuadros con imágenes folclóricas que decían «Sláinte!», «May the road rise up to meet ya›, y una imagen de un paisaje verde, bucólico, que decía «Back to the motherland». Mauricio supuso que también ellos eran católicos. Además, su acento era extraño…

Cuando por fin los tres se encontraban solos, Mel Gibson reanudó la conversación.

[—Como sabrás, mi querido amigo, hemos venido desde el otro lado de la frontera y unos apestosos matones nos están dando caza. Necesitamos de tu ayuda.]

El nuevo personaje, amigo de Gibson, los miraba esperando a que lo anterior fuera una broma.

[—¿En serio? ¿Qué se te subió a la cabeza lo de tus personajes de acción? ¡Ja! Esto es interesante, nunca antes un actor me había pedido tal favor.]

[—Así es, y este actor necesita armas, balas y algunos de tus hombres, de preferencia que sean los de creencia de la santa Iglesia católica, apostólica y romana, si es que me entiendes.]

[—¡Claro que sí! Tengo gamberros de todo tipo, pero muchos parientes de la religión verdadera trabajan conmigo, vienen directitos de nuestra madre tierra, y algunos de ellos podrían escoltarte a donde tú gustes.]

Mel Gibson se quedó sonriendo sin decir otra palabra. Levantó las cejas y dijo:

[—No,  no. No nomas quiero que me escolten, quiero que me des armas duras, para mí una colt .45, y que me ayuden a matar a esos hijos de puta que nos están persiguiendo, ya que, de algún modo que no puedo contarte lo que me llegaron a hacer… —larga pausa, de seguro reproduciendo algo que su memoria quiere olvidar— Espero que comprendas… Han roto mi dignidad.]

Mauricio no pudo contener su impresión y abrió bien su boca. Estaba digiriendo las palabras que acababa de escuchar. Había olido algo mal desde que estaban los dos tomando sus bebidas espumosas.

IX

Esquirlas de sudor poblaban la cara de Mauricio, pero, por fortuna las gafas oscuras taparon esos ojos que describían todas las emociones que recorrían por todo su cuerpo. Él era uno de los conductores designados para el cometido bélico. Los matones que auxiliaban a la compañía Gibson eran diez: unos en el coche que conducía Mauricio y los demás en una camioneta negra de estructura militar.

Antes Mauricio pensaba que Gibson no se metía con esta clase de gente, pero como ya no le impresionaba tanto, porque si fue secuestrado por unos narcos mexicanos por razones que solo él y la Virgen María sabían, en algo podrido estaba metido este señor. O alguien lo metió en este lío, y ahora él tenía que ayudarlo a salir de esto. Vaya lío.

De hecho, pensó que cualquier artista internacionalmente famoso está poco o medianamente metido en situaciones escabrosas. No obstante, los hombres de aquel traficante de armas —porque, en efecto, era un traficante de armas, y también de ciertas drogas—, eran personas amigables,  aunque todos embriagados, algo no recomendable para la batalla que se aproxima. Mientras tanto, Gibson se mantenía en su misma achispada sintonía.

Mel pidió que se detuvieran en una tienda para comprar un tipo de papas fritas que él amaba. Cuando volvió, de nuevo sonriente y con una papa en la boca, miró a Mauricio y frunce el ceño. Pensaba en algo. Y lo expresó de inmediato.

[—Mauricio, ¿verdad? Enciende el celular que de seguro te encargaron que usaras para comunicarte con tus clientes y diles que no se desesperen. Diles que tuviste problemas con la policía y luego surgieron algunos asuntos familiares. O sabes qué, promételes que estás dispuesto a pagar las consecuencias de tu insolencia y que te esperen en el estacionamiento en el kilómetro (…) de la carretera (…) que se dirige a la frontera de mexicana. Les vamos a dar la sorpresa más grande de su perra vida.]

Gibson sonrió con todos sus níveos dientes y se dirigió otra vez a la tienda junto a dos de los palurdos que los acompañaban. De vuelta se trajo consigo unas cajas de cervezas y más papas fritas.

Mauricio ya había hecho la llamada. El pobre tuvo que aguantar varias ofensas, maldiciones y amenazas, pero los interpelados estuvieron de acuerdo de verse en el lugar que su delivery man les indicó.

No tardaron en llegar. La música que uno de los mercenarios puso en el estéreo fue de rock pesado, incluso algunas canciones que Mauricio escuchó en su adolescencia. El olor a cerveza y papas fritas se impregnó dentro del automóvil.

Cuando sonó el celular de Mauricio, todos cargaron sus armas, cargaron otras más, y luego otras más, y salieron del auto. Mel Gibson esperó a que Mauricio contestara el celular.

—Cabrón hijo de la chingada, peor lugar no pudiste escoger… —sonaba desde el móvil— Ya casi llegamos… Somos los de tres camionetas oscuras, vamos a cambiar las luces nomas cuatro veces, eh… Luego luego nos vas a reconocer… Pendejo.

Colgó.

Mauricio sostuvo el celular un momento; vio a su abuela rezando el rosario con él; a su madre calentando tortillas de harina; a su padre con un cinto en la mano;  otra vez a su padre con una sonrisa frotándole paternalmente la cabellera.

[—Vamos para afuera, Mauricio… ¿Estás listo?]

“Nunca”, pensó tristemente.

[—Creo que sí —respondió.]

[—Más vale que estés preparado, porque vas a ver estos celtas en acción; y lloverán sesos y sangre, tronará el cielo y la tierra temblará, pero Jesucristo y la Virgen María nos protegerán… Amén.]

“Qué horrible plegaria”, sus nervios iban en aumento. Mauricio tomó su ametralladora, apenas le habían enseñado cómo usarla cuando de niño un tío suyo tuvo una, pero nunca le dejó siquiera dispararla.

Salió del coche.

A lo lejos podían verse unas lámparas, o, más bien, los focos de unos autos que se aproximaban. Parpadearon cuatro veces consecutivas. El corazón de Mauricio latía rápido; más rápido; más rápido; igual de rápido.

—Ya casi llegan los filos de perra —dijo Gibson en un intento de hablar su imperfecto español.

Las camionetas se estacionaron a unos cien metros de distancia y se alinearon para formar una barrera; salieron todos los que estaban dentro y el que tenía la voz más potente gritó.

—¿Quién anda ahí? ¿Quiénes son? ¿Dónde está ese pinchi Mauricio? No nos anden con chingaderas o les soltamos plomazos, a la v… —esto fue dicho en un español bastante mexicano.

Mel Gibson miró un momento a Mauricio, sonrió y dijo en inglés:

—¡Your fucking little princess in distress, you motherfucking, Rodrigo!

El otro hombre se quedó callado, reconocía esa voz y supo que se refería a él. Estaba anonadado. Por último respondió en un inglés con fuerte acento latino:

—Who the fuck a’you?

Mauricio quería orinarse los pantalones. Gibson respondió:

—Shut the fuck-up and say hello to my little big sons of bitches friends!

Y los casquillos empezaron a caer, como los cuerpos de algunos cristianos también.

*

[—En las noticias de última hora del estado de Texas se presenció un evento extraordinario: la estrella hollywoodense Mel Gibson fue capturada por un escuadrón antiterrorista en medio del enfrentamiento entre dos mafias. Se dice que él fue uno de los partícipes del acto violento.]

[Aquí le mostramos un video propinándonos unas palabras el actor de películas como Arma mortal o Mad Max.]

Está el video, con un encuadre errático, donde vemos a Mel Gibson esposado, hecho una fiera.

[—¡Esos hijos de perra se lo buscaron! ¡Esos hijos de puta son unos maricones que me quisieron violar y matar! ¡A ellos deben de apresar, no a mí!]

Cuando el reportero que lo entrevistó dijo su nombre hacia las cámaras, el cual era Isaias Fleischer, y Gibson, en un acto compulsivo, se sacudió entre los policías y gritó con furia:

[—¡LO SABÍA! ¡ES UNA CONSPIRACIÓN! ¡SON USTEDES LOS MALDITOS JUDÍOS LOS QUE SIEMPRE HAN TENIDO LA CULPA!]

Volviendo con el presente noticiero…

[—El cálculo de los muertos fue extenuante, por un lado sólo sobrevivieron dos individuos que pertenecen a una mafia mexicana; por el otro, sobrevivió, el actor Mel Gibson. Lo curioso es que un civil mexicano en sus treintas, con nombre de Mauricio Galaz, fue encontrado entre los cuerpos exánimes del contingente en el que se encontraba Gibson.]

Pasan unos videos más, algunos de civiles que grabaron sonidos de metralladoras, luces que resplandecieron en lo que pudo haber sido una tranquila noche de los lindes del país estadounidense.

[—El caso sigue en proceso, pero no se tiene idea alguna de la razón de lo que realmente ocasionó este tiroteo entre estos dos grupos delictivos, y lo obvio, es mucho más extraño que esté involucrado el actor y director australiano Mel Gibson. En estos momentos el actor se encuentra bajo la jurisdicción del alguacil de Austin y representantes del FBI.]

Y la televisión se apaga.

FADE OUT.

Blog de Diego Moreno: Kentucky Fried Lit.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. tanukiwi dice:

    Ah, me encanta. Últimamente he andado en mood de películas de acción ochenteras.
    Me daré una vuelta por las entradas anteriores

    Le gusta a 1 persona

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