Brown Girl: Ella y yo por Quinny Martínez

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Imagen tomada de Pinterest

Hace un par de años decidí ser yo misma y dejar de fingir; pasó mucho tiempo antes de darme cuenta de que no había sido capaz de salir entera del agujero emocional en el que me encontraba. De cara a los otros ya me importa todo un carajo; pero yo, yo me importo, me importo demasiado.

Supuse muchas cosas de las que no voy a hablar porque no me daría la vida. Afirmo sin titubear que entre pecho y espalda llevaba presa a la otra, como a una siamesa tóxica, la veía deforme y ajena. Lo más importante es que la he asumido como parte inmarcesible de mí, y, joder, es bellísima. Sin ella mi lasciva existencia no tiene sentido.

He atravesado terrenos pantanosos en donde la oscuridad es tan profunda como difusa. Antes de su erupción mi cuerpo era objeto del deseo de hombres y mujeres a los que respondía con ambigüedad; era incapaz de asumir lo que soy, aferrándome a una vida mentirosa, deslizándome entre las sombras, resistiendo a trozos desde una orilla llena de espinas, y yo descalza…. Pero la noche del cinco de marzo de aquel año lluvioso, mirándome al espejo después de una riña con el que entonces era mi marido, ella me habló. Me habló de una manera tan contundente que fui incapaz de refutarle nada. Se me abrieron los sentidos y lloré de dicha. De dolor he llorado toda la vida…

Brown Girl, este es el nombre de la otra hija que ha parido mi madre, a la que le cuesta aceptar y se esconde debajo de la alfombra en la que se arrodilla cada noche a pedirle por mi alma a los santos que la han ignorado toda la vida. Soy la otra, una mujer que se viste de colores iridiscentes para romper con todo lo que se le atraviese. La incontinente y pertinaz, sin hora ni fecha en el calendario, adicta a las noches de sexo, mujer de polvos alebrestados que se sampa una raya cuando siente que le falta el aliento. Soy la amante del hombre ajeno porque no me supone ningún compromiso, reina de castillos en llamas, dueña de harapos que me hacen invencible… Habito la piel de dos mujeres distintas: Una calla cómplice mientras la otra empotra aseñorones de billete. Las dos con mucha clase, ¡primero muertas que sencillas!

La diurna va de sastre fino; la quiero con locura, pero me aburre. Su andar monocromático se pasa los días atendiendo a los clientes inconformes de un banco; llenándose con las desgracias económicas de los otros. Pero la otra yo, la negra de ojos verdes y sonrisa estridente atrae lujuriosas barbaries; imán del desenfreno, garganta profunda, brillo, tetas grandes y pelo negro. No se contiene, nace de noche y desaparece a la hora nona como por arte de magia. Se sostiene por si sola, no da cuenta a nadie; fuma, bebe, folla, se estremece dicotómica y se pierde entre los brazos de una realidad que no la ve.

Invisible se aprovecha de sí misma, potenciando su belleza al son de sus caderas de hierro: Soy una mujer con el corazón travestido, víctima dichosa y verdugo de mi propio invento…

Blog de Quinny Martínez: Vulvaginación.

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Mujer que se reconoce tan libre como bella, dueña de sí misma.

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  2. Ana Piera dice:

    Me gustó!!

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  3. «Siamesa tóxica». Eres genial, Quinny, explorando el erotismo a través de nuevos conceptos. Abrazote

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