El derecho a la fisura por Hilda Pérez

el
Imagen tomada de Unsplash
Mírate,
allí donde sucumbe
el disimulo.
Piel contenida,
en placenta
de Eros y Tánatos.

Ese principio de vida
terso en su tosudez
por existirse,
irrumpe y no ignora.
Se escucha 
sin inmutarse del "debarías de", 
antes que extinguirse.

Lo declararon, solemnes,
inmemoriales,
ajq'ijab' 
o contadoras de los días.

Ni en todos los ciclos de las lunas reunidos,
ni en todos los giros de este mundo,
con sus días y sus noches,
podrías abandonarte.

Porque al fisurarte,
te pares de nuevo.
Alumbras ese intersticio 
que te arropa en lo inmanente
y depones los escapismos tentadores
de la impostura.

Aceptar-se en lo sagrado,
macerar-se en el quiebre.
Memoria del poder 
que yace en el resquicio vulnerable.
Desprenderte
y atajarte al mismo tiempo.

De nada vale el devaneo,
huérfano del sentir.
Despójate de una quimera a la vez,
consciente de que
las intentonas de perfección
no invadirán más tu campo
para dejarlo yermo de nuevo
de amor consagrado a ti.

Concédete el descaro de la autenticidad,
sé escandalosamente desatinada,
burdamente decepcionante
y descansa,
hasta el fin de los tiempos,
de la fachada cautivadora que no eres tú..

Las complacencias 
solo se reservan para una corte ajena.
Y tú, eres majestad solar de tu propia vida,
que se entroniza en la sanación efervescente,
por ti y por todas las que fueron.

Cuenta de Instagram de Hilda Pérez: @hildapankarita_poet.

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