Bestiario por Ana Laura Piera

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Imagen tomada de internet

 

 

¿Recuerdas que decías que nunca soñabas nada, y lo mucho que te gustaría recordar aunque fuera un pedacito de algún sueño? Ese día tras varias noches de horror te diste cuenta de que no era que no soñaras, sino que muy dentro de ti preferías que a tus pesadillas se las comiera el olvido. Pero al olvido se le olvida todo, ¡hasta tú!, y entonces supiste que habías quedado solo frente a ellas.

La noche era un festín, nos alimentábamos de ti sin escatimar en crueldad y de a poco drenábamos tu carne y tu espíritu hasta dejar tu calavera desnuda y perpleja. Cuando abrías los ojos y te dabas cuenta de que todo había sido un sueño, sabías que no terminaba ahí, sino que se volvería a repetir noche tras noche.

Debo decir que no nos hacían justicia los temblorosos trazos con los que intentaste describirnos. Mejor suerte tuvieron tus esculturas; la madera se prestaba mejor para expresar nuestra maravillosa y siniestra complejidad. Supiste captar de nuestros cuerpos la ausencia de fronteras entre lo humano y lo animal, entre lo espiritual y lo físico, tanto fue así que tus trabajos terminados causaron agitación y temor. La gente decía que estabas loco, poseído, y que las figuras paridas por tus manos eran en realidad demonios. Trabajabas como un demente procurando no dormir para no soñarnos, pero de vez en cuando el cansancio te vencía y entonces notaste que nuestros ataques no eran tan feroces como antes. Nuestra fuerza menguaba en la misma proporción en que nos ibas apresando en la madera. Uno a uno fuimos cayendo: el dragón-mono-ladrón-de-almas, la serpiente-mariposa-venenosa, el lobo-dragón-hambriento-de-sangre, la calavera-flor-de-la-muerte, el sádico-duende-león… Tú reías como un desquiciado cada vez que terminabas una figura, sabedor de que era una baja más en nuestras huestes.

Llegó el día en que terminaste con todos nosotros, tu casa parecía un zoológico fantástico, y esa noche pudiste dormir tranquilo, parecías un bebé recién nacido.

¡Shhh!, no grites. ¿Ves esa humareda? Llegaron todos los vecinos y tiraron tu puerta, removieron todo y nos sacaron al patio mientras repetían como loros sus oraciones de protección, entonces nos prendieron fuego. Conforme la madera se quemaba nuestros espíritus eran liberados. ¿Te das cuenta de lo que significa? Tus ojos desorbitados me contestan que sí…

Blog de Ana Piera: Píldoras para soñar.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Jose Lezcano dice:

    ¡Vaya con los vecinos! Tanto trabajo para deshacerse de sus pesadillas y solo le dan chance una noche. Los miedos son difíciles de desterrar, tal vez por lo que dices, que son difíciles de explicar, expresar. No hay palabras para todos los horrores. el arte plástico llega más allá.
    Saludos

    Le gusta a 1 persona

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