#OtroGabinete: Despertar por Alejandro Rabelo García

el
Otro Gabinete
Imagen tomada de internet

 

 

Te digo a media voz

cosas que invento a cada rato

y me pongo de veras triste y solo

y te beso como si fueras tu retrato.

Tú, sin hablar, me miras

y te aprietas a mí y haces tu llanto

sin lágrimas, sin ojos, sin espanto.

Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas

se ponen a escuchar lo que no hablamos.

 

Jaime Sabines

 

Sus pezones resaltan bajo la superficie de la sábana, elevados por la fugaz gelidez del dormitorio. Ha ido resbalando el satín desde la cima de sus pechos, redondos y morenos, y la piel de sus hombros se eriza momentáneamente. Yacemos separados a la distancia de una palabra esta mañana de final de puente.

Tomo la tela y la deslizo hacia abajo, descubriendo su busto perfecto. Por un primer reflejo de su cuerpo, sus manos buscan cubrirse, se tallan de forma inocentemente sensual, mi pene comienza a acariciarla, elongado y tibio, al costado de sus muslos, a sus caderas. Por un segundo reflejo, estornuda, frunce el ceño sin abrir los ojos y se despierta a medias.

Paso de travieso a héroe: la vuelvo a tapar hasta el cuello, poso mi mano izquierda en el cachete opuesto y sonríe un poco. Me parece que ha sentido mi miembro, porque con su mano lo sitúa por debajo de sus nalgas y pega sus espaldas hacia mí. Usa mi brazo derecho de almohada, ese antebrazo como bufanda, esa mano restante para su seno.

Vibra mi celular sobre el buró. ¡Chingada madre! Si ya pasé el plan desde el viernes para no tener ped… Tiaré:

¿Enviaste los posicionamientos respectivos?

¡Puta madre! No puedo responder el Whats con una mano. Pero Claudia ha colgado sus dedos de mi extremidad. Así que lo intento:

Re-vi-sa-dos y a-pro-ba-dos desde (autocorrector) el sábana (pinche autocorrector)… sá-ba-do por la no-che (enviado). TODO LISTO

No me deja:

Hoy en la tarde. Quinta Grijalva. Segunda fase

¡Coño! Se me olvidó por completo… No es que no esté preparado, pero de su aprobación depende la estrategia que le vendimos a Correa y a su bloque opositor, los clientes que éste nos consiguió.

A las 3 en la oficinista (enviado).

Ya no me enojo. Ya puedo dejar el cel… Puta, ¿Ahora qué?

Correa pidió adelantar para esta noche. NO ES SUGERENCIA

Me dices luego

“¿Quién era?”. “Mi socia… Ya sabes: Lo que no sacaste este fin, se te acumula para…”. “Ssshhhhh”, y me jala con su brazo libre, me besa, dirige mis dedos izquierdos a sus ya húmedos labios inferiores, impide que desprenda los otros de sus bubis mientras su mano juega con mi joystick. Pero… Suena su teléfono… le vale… me mira. Se asoma a la pantalla: Su jefe. ¡Chingada madre! Tranquilo. No todo es sexo… Requiere un par de timbrazos más para recomponerse.

“Bueno. Sí, licenciado Marín, en eso estaba. Sí, se lo tengo listo en media hora y se lo mando a su correo. Las cotizaciones deben estar en su escritorio, las encuestas quedaron en el cajón de en medio de mi escritorio, si gusta sí, y el comunicado se lo dejé impreso en la gaveta derecha, como me dij… Sí, a las 3 estoy por allá. ¿Qué? No, no estoy con nadie (¡qué madre te importa, verga!). Le digo que estoy checando lo de su agenda semanal y…  Sale, nos vemos”.

Claudia me mira, apenas con aliento tras una contestación cuyos ojos se concentraban en su mesita de trabajo, su lap, el altero de sus documentos. Sospecho que su expresión triste no es por el brusco reinicio, sino por la inminencia de nuestra separación. Se recuesta: “Dime la neta, ¿por qué te dedicas a esto?”. “Mejor dime tú por qué. Eres rica, tienes un posgrado, con tu juventud, talento y belleza podrías emprender el negocio que quisieras, casarte con el hombre que te aportara lo que tú desees…”. Me ocluye los labios poniéndoles la sábana.

“¿A qué te dedicabas antes? ¿Qué eras? ¿Qué deseabas entonces ?” y me señala con sus dedos preciosos. “Era periodista. No de los que te llegan a ‘saludar’ cada 15 días a tu oficina. Investigaba, entrevistaba, encontraba archivos. Cosas que incomodaban, que pretendían cambiar”. Me derrite cuando el interés ilumina sus pupilas de un sexy brillo intelectual y se fija en mí. “Lo hice porque siempre me gustó ser detective. Y un poco escritor. Deseaba publicar libros, de ficción y de no ficción, como Walsh o Capote o García Márquez o Mailer. Vivir de eso…”.

“¿Y qué pasó?”.

“Un día secuestraron y ejecutaron a un buen amigo mío por revelar los puntos de venta de narcomenudistas en Villahermosa. Algunos restos que dijeron eran suyos, cocidos en ácido, aparecieron cuatro años después. Organizamos marchas, protestas, pero ni la Fiscalía ni el medio en el que trabajábamos hicieron nada por hallar a los culpables o por ayudar a su familia. Lo peor es que los narcomenudistas siguen allí”. La evocación me aparta de su vista y suspiro de rabia pasada. “Y siguió sucediendo a donde fui: cada reportero que salía a matar o morir por su medio era olvidado por sus jefes y su trabajo, olvidado por los lectores. La pederastia, el ecocidio, el lavado de dinero, la impunidad, la corrupción, todo continúa allí. Incluso los que cada 15 días salen felices de tu oficina”. Me acaricia y me sonríe, pero por la manera en que entrecierra sus ojos, sé que me juzga. Tomo su mano y la beso. “Así que renuncié, estudié una maestría, logré un cargo público, en fin: me di cuenta que los malos prevalecían y me preparé para trabajar para ellos”.

Me había resistido en estos días a revelarle semejante origen. A sus 26, tiene esa inteligencia y escepticismo que ya quisieran muchas de su edad y condición. Sé que lo acepta, que sabe que la admiro sinceramente por su asertividad: cuando le recordé que no le había abierto la portezuela del coche ni le puse la silla en la taquería ni me volví loco pagando su boleto del cine o su combo, me contestó: “Y no te llamé ‘patán’ o ‘descortés’. Tampoco te monté alguna escena de celos por Tiaré. Si así quieres demostrarme que en serio me respetas, no deberías preocuparte tanto”.

Nuestros celulares, otra vez. En lugar de contestar, se avienta sobre mí y a horcajadas me agarra las mejillas y me besa; me muerde la boca y se endereza como una escaramuza y hace una mueca de berrinche, con las tetas, la cabellera y el corazón al aire. “Te toca guisar el desayuno”, me pellizca la cara, se baja y camina descalza y de puntitas hacia su bañera.

Mi teléfono estalla en notificaciones predecibles de una ruta que habíamos modelado desde otoño:

 

Van a paro 33 mil

servidores públicos.

 

Encabeza Correa

rebelión de burócratas.

 

Cierran filas Liberal y

PT por el Gobernador.

 

Promueven PAS y

AC controversia.

 

Se calienta, por huelga,

elección extraordinaria.

Blog de Alejandro Rabelo: ContradicciónES.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Ana Piera dice:

    Excelente, interesante, me encanta. Seguimos en espera de siguientes entregas.

    Le gusta a 2 personas

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