#OtroGabinete: Escenario por Alejandro Rabelo García

el
Otro Gabinete
Imagen tomada de internet

En la esquina de Paseo Tabasco y la calle de la Quinta Grijalva -la casa del gobernador-, me sumo al agitado espectáculo de consignas trilladas y pancartas manidas que pretenden tumbar una reforma laboral intercambiable. Solamente camino, perdido entre la multitud, a la espera de Tony.

Frente a la catedral, casi todo el contingente se persigna antes de dar la vuelta hacia 27 de Febrero, la avenida que los conducirá a la Plaza de Armas, para abarrotarla y plantarse, los días que sean necesarios, ante el balcón del Palacio de Gobierno donde ese mismo gobernador les dice cada año: “¡Viva México!”, y esa misma gente le responde, emocionada, las mismas palabras.

“Pensé que estarías en la oficina”, me comenta Tony desde atrás, con una voz medio perdida entre las vociferaciones. “O al menos tomado del brazo de Correa”. Me freno un poco, lo dejo pasar, me emparejo, lo tomo del brazo y empezamos a andar sobre la banqueta roja. “¿No deberías estar entregando maletines a los líderes?”. Nos miramos. Y nos reímos.

“¿Trajiste la info?”. “No, vine a escuchar conversaciones, como de costumbre”. Tony extrae de su mochila de fotógrafo un sobre manila, algo grueso pero cerrado. En cuanto lo tomo, nos regresa al caudal de la marcha: “¡Prensa vendida/ cuéntanos bien:/ No somos uno/ somos más de cien!”, grita y sacude la mano, tras lo cual enfoca y toma algunas imágenes. Fingiendo checar su material, pregunta: “¿Por qué no fue un lugar discreto esta vez?”. “Esta vez resultan menos sospechosos dos hombres intercambiando fojas entre la multitud que madrugando en La Pólvora… Y sin trotar”.

Unas fotografías más y me animo: “¿Qué sabes de Alba?”. Silencio profesional. “Está desaparecida, ¿no?”. “Versión oficial”. Vuelve a callar sin reprimirse un nuevo sarcasmo: “¡Seguridad primero/ al hijo de obrero! ¡Únete/ pueblo/ agachón!”, y me responde: “No se ha comunicado con nadie desde que se huyó. Dicen que envió un telegrama a su mamá desde Miahuatlán, aunque no nos consta”. “¿Ustedes la andan buscando?”. “Claro, es la única que puede decir públicamente que no la desaparecimos nosotros”. Doy unos pasos, desconcentrado. “Nada fue tu culpa, bro. Si ella vuelve, a nadie más que a ti se lo dirá… aunque no nos avises”.

Mi celular tiembla desde el fondo del bolsillo trasero derecho de mi pantalón. “Bueno”. “Dime que no fuiste tan pendejo de dejarte ver en la manifestación”. Tiaré no lo sabía, así que busco con la mirada. Sé que acudirían medios, que ninguno se perdería la oportunidad de cobrar bien la manipulación noticiosa, pero no esto: Paso justo detrás de Eduardo Salas, quien transmite en vivo para la televisora estatal.

“Dime que no fuiste tan p… para llamarme desde la Quinta”.

“Nos convocaron de emergencia y pedí permiso de salir al baño”.

“¿Sólo tú te diste cuenta de que estoy aquí?”.

Güey, aquí están Jiménez (el líder de la bancada del PL), Marín, Fulgencio (presidente del PL), Sotomayor (presidente del PT y líder de su bancada), G-2 (nombre clave de Alfonso Valenzuela, el candidato del gobernador para Presidente Municipal de Villahermosa) y el Góber. Con todos has tratado…” .

“Cálmate y regresa a su reunión”. Cuelgo mientras descendemos por la calle pasando frente al Instituto Juárez. Ahora debo alcanzar a la vanguardia.

Tony percibe mi prisa, amenazándome con su cámara. Pongo mi pose de sátira política de convencido revolucionario y él la suya de fotógrafo de modelos internacionales. Un juego para preservar la comedia cada vez más erosionada desde que nos graduamos de la Universidad. Nos decimos shoto uno al otro y continuamos prudentemente distanciados. Algo no me gustó del tono de Tiaré, pero por irreconocible. Y eso… Mi cel: “Bueno”. “Amor, ¿estás ocupado?”.

Me meto de improviso a una cafetería cuyos empleados pasan de la rutina de la marcha a la sorpresa de mi entrada.

“Perdón, es que hay mucho alboroto en la oficina. Vine a un cubículo más solitario. Dime qué necesitas”.

“Por favor, no vayas a la manifestación de hoy. O si vas, regresa”.

“¿Qué? ¿Por qué?”.

Las últimas personas -todas visten playeras rojas, curiosamente el color de AS y de AC- cruzan delante de la ventana de la cafetería y una mesera me pregunta qué voy a ordenar. Antes de responder a su pregunta, formulo otra:

“Dime, ¿estás en la Quinta, cierto?”.

“Tengo que ir con mi jefe a todos lados. Pedí permiso de ir al baño porque…”.

Aprovecho su silencio: “Una botella de agua grande y fría, por favor”. “¿Qué?”. “No, le dije a la mesera”. “¿Mesera?”. “Sí, una chica que nos sirve cosas cuando tenemos chamba en la oficina (suspiro de alivio y de calor). ¿Por qué fuiste al baño para llamarme, morena mía?”. Ojalá la relaje lo suficiente.

“Porque al cel de Marín llegó un mensaje que decía: ‘Hoy procedemos contra Correa. Mañana, contra Ocampo…’”. La chica regresa y pago. “Y he escuchado… cosas de lo que Jiménez y Marín son capaces”.

“Tranquila, Claudia. A lo mejor sólo se refieren a proceder legalmente o políticamente. Tú eres muy inteligen…”.

Ok. Nada más no vayas. Por favor. Vuelvo a la reunión. Te amo”.

Ni siquiera pido mi cambio. Salgo corriendo por vías alternas hacia la loma final de la plaza rodeada de los edificios de los tres poderes: el Judicial (ocupado por un amigo personal del gobernador), el Legislativo (peleado con los dientes entre PT y AS) y el Ejecutivo, frente al cual construyeron el templete oblongo por donde comienza a subir la vanguardia. Salgo razonando: valiente clientela nos consiguió Tiaré.

Sentados a la misma mesa, dos precandidatos a la Gubernatura y el que está jugando con ellos a la sucesión. Parándose ante el micrófono, el tercero que no es favorito porque no ha entrado al redil. Trabajamos para ambos lados con la idea que todo puede pasar, excepto no quedar ilesos; para ello -salir ilesos-, le informamos medias verdades al huésped de la Quinta: nómina, proveedores, clientes, estrategias, resultados. Nos ha prometido su respaldo en caso de cualquier amenaza. El problema es que G-2 no nos termina por convencer y tampoco desea pagar, si es que gana la Extraordinaria. El problema es que Correa ya nos probó que no le interesan los trabajadores, sino eludir los candados contra su ambición a cualquier precio. Si la información que me regaló Tony es correcta -y siempre lo es-, reservamos ases bajo la manga para cuando la situación se complique.

Lo que me lleva, mientras troto cuesta arriba la calle Nicolás Bravo, a deducir que si Claudia vio a Tiaré salir al baño y tardar -aunque procuré que no tardara-, se acordó de mí y me alertó usando la misma táctica. ¿Tanta confianza guarda Marín en mi chica? ¿O todavía desconoce nuestra relación? Por diversos motivos, más vale que sí y su llamada me lo demostró; tanto como el hecho de que no mencionara a mi socia. Lo demás se forma como cálculo en mi cabeza: el Congreso puede promover un juicio político contra los alcaldes rebeldes; en represalia, sus respectivos partidos -Ocampo preside AC- pueden dinamitarle la elección a G-2. A nadie le conviene romper ese equilibrio por la fuerza.

Agitado como jamás, me abro paso entre burócratas sindicalizados y operadores de partido, hasta que el propio Tony me cierra el paso con su brazo libre. “Estamos esperando turno para subir”. Ovación atronadora que mi amigo se apresura en retratar. Nos empujan los reporteros detrás de nosotros a trepar las escaleras. Pese a las críticas de periodistas a sueldo por “abandonar sus obligaciones”, “buscar raja política de las legítimas protestas”, “fomentar la inestabilidad” y “ahuyentar las inversiones”, Gutemberg Correa ocupa el proscenio acompañado de su carisma, saludando a mano alzada, repitiendo los versos para que su inmenso coro se los devuelva, abrazándose a sí mismo, sonriendo varios “gracias”.

Por unos instantes, Tony fotografía la reacción de los 20 mil que abarrotan la extensa plancha de concreto rematada por la iglesia gótica de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, derribada un siglo atrás para levantar la sede del Ayuntamiento y vuelta a construir sobre los escombros de esa misma sede derribada hace 70 años. Checa su material rápidamente y dirige su lente, de nuevo, al escenario.

Entonces, el alcalde de Infierno recibe a quemarropa tres impactos de bala.

Blog de Alejandro Rabelo: ContradicciónES.

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