#OtroGabinete: Felices por Alejandro Rabelo García

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Otro Gabinete
Imagen tomada de internet

La radio obtiene una nitidez asombrosa: puedo reconocer cada voz incluso dentro de la gallera de la Sala del Pleno. Algunas nubes, blancas y/o grises, se desplazan despacio por encima de mi cabeza. Termino el viaje, desmonto los remos, los meto paralelos a las bordas y me recuesto en el fondo del bote alquilado, dispuesto a adormecerme por el vaivén del viento sobre la superficie de la Laguna de las Ilusiones… Si no fuera porque debo seguir el enlace en vivo de Santiago Ruiz, corresponsal de la XETVH, la estación de mayor influencia en la opinión pública radicada en Tabasco, por las votaciones de ambas reformas.

“Y pues, las discusiones en lo particular de cada artículo es la estrategia que, pues, los partidos Avance Social y Acción Conservadora han implementado para, pues, retardar un poco lo que sería la votación, aunque ambas fracciones parlamentarias han emitido, pues, su posicionamiento de oposición a las reformas propuestas por, pues,…”

Llevan dos días en ésas. Maniobramos para que pasaran en comisiones y para disuadir a AC de las eventuales ventajas de no obstruir demasiado la aprobación de su bancada. Seguimos asesorándolos, junto a Avance Social, a cambio de gestionar su crisis de credibilidad por la ruptura tras el atentado y por sus drásticas modificaciones internas debidas al reemplazo de candidato.

Siento clarito cómo la brisa aumenta su intensidad y la ronza me empuja levemente hacia el sur. Levanto mi cabeza para atisbar cuán lejos de la orilla del parque; no mucho, si aún puedo ver el Mirador de las Águilas. Yazco otra vez.

Por lo contrario, los socios, el Liberal y el Popular –el único partido de derecha del país– han encarecido su apoyo. Jiménez, Marín y demás, ya en la bolsa, resultaron relativamente sencillos; a los persignados hubo que negociarles un municipio, aunque con Cabildo y gabinete parciales. Cierro mis ojos al arrullo de la naturaleza y de los locutores. Mi cel

“¿Qué hay, mi Jerry?”. “Todo tranquilo, mi estimado”. “¿Sin novedad?”. “No, todo normal”. “¿Tons pa’ qué soy bueno?”. “Pa’ nada, güey”. Reímos. “Ya, no mames”. “Correa sigue estable, pero necesita más sangre tipo A+. Su gente está consiguiendo donadores y no fluyen tan rápido”. “Sin embargo…”. “Técnicamente, está fuera de peligro y en terapia intermedia”. El cabrón no morirá, tal como lo supuse. Sólo los medios (comprados hacia una u otra causa) sostienen la patraña de su estado de salud delicado. “Peor sería si fuera B-. Ya agotaron lo que había en el banco de sangre… Ya sabes cómo son estos políticos…”. Volverá justo a tiempo para las impugnaciones, pero no se perderá la elección extraordinaria. “Como te avisé, creo que le darán de alta dentro de 2 ó 3 meses. Ahorita, le tienen puesta mucha vigilancia, pero a cada rato se andan peleando porque supuestamente temen que lo rematen y sólo me dejan pasar a mí y a la enfermera”. “Muchas gracias, Jerry. Y ya sabes, lo que se te ofrezca. Neta”. “Pues ahora que lo dices…”.

Una capa obscura de nimbostratos se desliza, serena y pesada, en medio del trámite de los favores. No quiere ser líder sindical ni director general del turno matutino del Hospital de Especialidades, ni jefe en algún área relevante de la Secretaría de Salud. Nada más complicado de otorgar que los gustos sencillos. No obstante, cerramos el trato: cinco de las seis licitaciones para suministros médicos le serán otorgados durante los dos años que restan del sexenio; y como no puedo prometer lo que podría no cumplir, filtraré la noticia de la homosexualidad del subdelegado federal de Economía -sin revelar que son amantes– a fin de propiciar su divorcio. Lástima, porque su esposa me parece una de las mujeres más guapas de la clase política local…

Cuelgo. Enciendo un cigarro. El viento morigera si bien es mucho más frío. Varios relámpagos callados iluminan las entrañas de los nubarrones mientras Ruiz nos informa a todos que el diputado Joaquín Jiménez, del PL, repite las líneas que le mandamos a su correo hace 13 días: “Que los sindicatos secuestren la buena marcha de la administración pública es algo que quienes servimos al pueblo no podemos permitir”, “Nada, ni siquiera las amenazas contra la vida, deben desviarnos de nuestro verdadero propósito: el bien común de todos los ciudadanos”, “La vida pública requiere condiciones auténticas de libertad, participación y transparencia y el espíritu de estas reformas representa un punto de partida para garantizarlas…”.

Empiezo a carcajearme. ¡Qué fabulosa capacidad del tipo de memorizar tanta basura! ¡Cuánta ausencia de crítica hacia unas frases que no por elaboradas dejan de escucharse tan gastadas! ¡Las peores pendejadas que he redactado y él las pronuncia tan…! Ahora me duele la panza. Fumo lo último y dudo qué hacer con la colilla: quienes rentan el bote preferirían que lo tirara al agua, ya de por sí contaminada, antes que quemarlo. Lo apago dentro después de utilizarlo para prender otro. Una llamada interrumpe la transmisión…

“Bueno”. “¿Estás en la oficina?”. “Nop. Estoy en el Tomás Garrido y…”. “¿Ya comiste?”. “No, pero me echaré un par de jochos por acá”. Desde la tarde del atentado, Claudia inicia preguntándome por mi ubicación y, de cierta manera, también desde esa tarde, lo interpreto como una señal de que debo ser sincero. “¿Y tú?”. “Ordené una ensalada. Creo que ya sabes que acamparemos aquí hasta el dictamen de votación”. “Ni hablar”. “Pero, sí llegarás a desayunar mañana, ¿verdad?”. Independiente como es, no me ha salido con ninguna estupidez tipo: ¿Cuándo cenarás con mis papás? o Vente a vivir conmigo, o Mándame aunque sea un Whats para saber que te importo o Mi única meta en la vida es casarme y tener hijos… “¿Pipo?”. “Sí, estaba pensando… Sí, pero, ¿Quieres que te espere o voy mañana muy temprano?”. Que elija lo segundo: no me ha dado acceso a su Facebook, menos al edificio de su departamento y corro el riesgo de esperarla afuera a la mitad de la madrugada. “Te marco y me alcanzas, ¿ok? Tengo que volver a la sesión. Te amo”. “Te…”. Cuelga. Igualmente, desde aquella tarde, se ha portado así de ambigua.

La arfada de la barca se incrementa y debo sentarme con mi espalda apoyada a la proa; pongo el chaleco salvavidas para mayor comodidad y mis brazos a lo largo de los bordes. Truena el primer roce de la estática pluvial. Cuando se desvanece el humo de mi exhalación final, miro a Tiaré moviendo su mano desde el malecón del parque.

Tiaré… Ella no tendría que sentir tanta pena de su propio cuerpo sólo porque a la mayoría les gustan altas y delgadas. Rubia natural, ojos azul profundo, una voz privilegiada (que sólo como tres personas en este mundo hemos escuchado cantar), millonaria, tanto o más que Claudia, orgullosa más de su astucia que de su dinero, segura de sí en su cerebro y no tanto en su corazón; quizá no luzca atractiva con sus lentes de pasta estilo Harry Potter pese a ser culta, intelectualmente estimulante y atinadísima en los regalos. Sólo necesito una remada más para…

“Está prohibido fumar y quitarse el salvavidas, chavo”, me reclama el encargado desde el muellecito. El tiempo que me toma vestir el chaleco tarda Tiaré en treparse. Dice que detesta la cola de caballo en el pelo porque resalta lo grueso de su cuello. Me abstengo siempre de decirle que así se ve mucho más bella porque no deseo malos entendidos. Giro y me distancio de nuevo, dificultado por el bamboleo y el vendaval premonitorio de la lluvia.

“El Góber no te quiere ver ni en pintura, güey”. Enderezo los remos para ir frenando. “Pero nos amplió el contrato… Sí le aprobarán las reformas”. Sonrío, como niño aplicado con su nuevo 10 en la boleta. “Neta que me costó un chingo terapearlo, pero ya, güey. Nomás no la cagues y recibirás tu comisión”. Reímos. “Nos dejó tarea”. “La Extraordinaria”. “Sí, pero también las estrategias para la Primera Dama”. “Senadora o…”. “Senadora, sí. El Señor Escéptico siempre tiene la razón”. “Oye, Tiaré, sólo tú podrías haberlo conseguido”. “Ya, cállate: y también la triangulación de algunos fondos federales: salud, escuelas o algún otro programa social”. “No digas más: tengo al sujeto indicado”. ¡Ya te rayaste, Jerry! “Será una comisión adicional”. “Resuelto” y pienso en la que le cobraré a mi amigo de la prepa.

Nos miramos mudos de admiración mutua. Algunos vasos capilares enrojecen su frente y sus cachetes y las facciones rectas de su nariz y su mandíbula, dándole un aspecto de atleta después del listón. Alza las cejas: “¿Qué?”. “Nada”. Me ayuda a decidir: tendré suficiente para pasear junto a Claudia en el Capitán Beuló, cena fantástica, escapada de fin de semana y hotel cinco estrellas. El recuerdo perfecto para un adiós justo: ella merece alguien mejor, mucho mejor, y lo nuestro se transforma en un peligro infructuoso. “¿Qué, Pipo?”. Le sitúo uno de mis auriculares:

“Pues, para informar a todo el auditorio que con 28 votos a favor, cuatro en contra y tres abstenciones, fue aprobada, pues, la reforma al Instituto Estatal del Seguro Social; y con una votación, pues, un poco más apretada, de 24 a favor, nueve en contra y dos abstenciones, pues, asimismo se aprobó este jueves la reforma política-electoral y de Estado, que ahora, pues, tendrá que ser ratificada por la mayoría calificada de los 17 municipios…”.

Ni el agua inaugural de finales de abril que se precipita contra nosotros nos borra la alegría.

Blog de Alejandro Rabelo: ContradicciónES.

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