Los chaneques por Ana Laura Piera

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Fotografia por Ana Laura Piera

 

 

Por nueve días y nueve noches ardió el fuego. Tuvieron que ser muy cuidadosos de que no se apagara y también de que el guardia del sitio no los viera. Por eso fue que caminaron tanto, para alejarse de los lugares frecuentados por turistas y lugareños, adentrándose en zonas aún inexploradas por los arqueólogos. Escondida entre la vegetación encontraron los restos de una pared de piedra, lo suficientemente alta para ocultarlos. Se sentaron junto a ella, sobre un lecho suave de hojas muertas, y ahí se quedaron alimentando al pequeño fuego.

Hernán y Marcos eran aún muy niños cuando de boca de los mayores escucharon la leyenda de los chaneques o duendes del bosque; que en otras partes del país se les conocía como “aluxes”. Algunos eran buenos con la gente, cuidaban las milpas de cualquier daño, sin embargo, otros eran traviesos o malvados y perdían a la gente desapareciéndolos, especialmente a los niños pequeños. También les gustaba esconder las pertenencias de las personas y en algunos casos extremos cambiar la forma humana por alguna otra, ya fuera animal, vegetal o mineral. El tono con el que hablaban los ancianos de estos personajes denotaba miedo y respeto. Alguien contó que a veces estos seres permanecían dormidos y se requería de un ritual especial para despertarlos; se pensaba que pagaban con favores inmensos a quien hiciera esto por ellos. Desde el día que habían escuchado aquella historia Hernán y Marcos jugaban siempre a que despertaban a los chaneques y así se hicieron hombres.

El fuego ardía sobre un pedazo de barro moldeado por manos antiguas cientos de años atrás. Se turnaron para dormir y casi no sintieron hambre, lo atribuyeron a la magia que estaban realizando. Por fin el lapso de tiempo se cumplió y pudieron apagar aquel fuego que había vivido exactamente nueve días con sus noches; en la última, a Hernán le entró miedo e inició el camino de regreso al pueblo escuchando de lejos las burlas de Marcos.

Conforme la noche avanzaba, cayó en un sueño profundo, y cuando despertó sintió un latigazo de hielo en la espalda. Frente a él estaba un ser con cuerpo de niño y cara de anciano que lo miraba fijamente. ¡La magia había funcionado! El duende sonreía burlón. Marcos se sintió extraño y tardó un poco en darse cuenta de que ya no era más un ser humano, sino un perro. Trató de gritar y de su garganta solo salió un lastimero aullido. Corrió despavorido mientras el duende reía a carcajadas.

El perro Marcos fue adoptado por un hombre que lo alimentó y lo cuidó. Siempre le intrigaría la mirada tan inteligente que tenía el animal, parecía como si quisiera decir algo. Pasaba los días a la entrada de la zona arqueológica, y la gente se sorprendía al ver a aquel perro que subía y bajaba por las ruinas con habilidad y conocimiento, pues guiaba a los que se retrasaban y se aseguraba de que no se quedara nadie fuera de la hora permitida. Parecía especialmente contento cuando al caer la noche su amo lo encerraba en casa, a salvo y seguro de las travesuras de los chaneques.

*Inspirado en las ruinas de Toluquilla, en el estado de Querétaro, México.

Blog de Ana Piera: Píldoras para soñar.

12 Comentarios Agrega el tuyo

  1. elcieloyelinfierno dice:

    Brillante cuento fantástico!! Me he tenido que desasnar buscando «chanaques» y «milpas», pero ya he agregado un par de palabras mas de la cultura maya. Un abrazo!

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  2. tanukiwi dice:

    Qué ricos mitos tenemos.

    Me recordó al pueblo de mi infancia. Decían que los niños que morían sin ser bautizados se convertían en chaneques. Otra frase que decían mucho cuando un chaneque se te aparecía y te llevaba era «lo jugaron los chaneques». Tenía una profesora de la primaria que aseguraba que de niña habian jugado los chaneques, y que ahora de adulta podía ver fantasmas entre las sombras.
    Cosas que dice la gente del pueblo.

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    1. Ana Piera dice:

      Muchas gracias por tu comentario. Parece que los chaneques son universales, solo se les conoce de nombres distintos. Es muy interesante. Un abrazo.

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  3. JascNet dice:

    Precioso y muy interesante fábula. Como se suele decir: «Cuidado con lo que deseas». No es oportuno jugar con los duendes.
    Me encantó y además me enseñaste nuevos conceptos y curiosidades de tus tradiciones.
    Enhorabuena y muchas gracias.
    Un abrazo.

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    1. Ana Piera dice:

      Gracias por tu comentario. Hay gente que me dice que en sus regiones también hay este tipo de leyendas de seres pequeños, traviesos y que pueden llegar a ser malvados. Supongo es algo universal y bueno queda la duda, ¿existirán realmente? «Donde el río suena…agua lleva»

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      1. JascNet dice:

        Bueno, aquí en Cádiz, los únicos duendes que recordamos son los que salen durante el Carnaval, que tras las máscaras solo gustan de cantar y darle a la priva (bebida).
        Pero hay algunas leyendas sobre un hombre-pez y un par de sirenas. Tengo que indagar sobre la mitología de mi ciudad.
        De todas formas, para los que tenemos mente abierta e imaginativa, estas criaturas siempre existirán. 😜
        Un abrazo.

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      2. Ana Piera dice:

        Abrazo «finsemanero» que la pases muy lindo.

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      3. Deliciosa lectura. Yo los conocía por *aluxes» pero como bien dices, en muchas culturas con diferentes nombres.

        Me encanta tu conocimiento de nuestras tradiciones, Tigrilla. Un abrazo!

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      4. Ana Piera dice:

        Sí Maty, en náhuatl son llamados “ohuican chaneque”: los habitantes de los lugares peligrosos. Así los mexicas los nombraban y en Yucatán los mayas decían aluxes.

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  4. davidrubios dice:

    ¡Hola, Ana! Qué buen relato y qué leyenda tan chula. La verdad es que esos chaneques o son unos guasones o son unos duendecillos endiabladamente listos para saber qué es lo que realmente quiere la persona que hace el rito, por muy extraño que sea, como en este caso convertirlo en perro, aunque eso sí con una vida por lo que parece bien plácida. Un abrazo!

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  5. Compartido con los 6000 lectores de Masticadoresface

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