LA PROMESA DE UNA ESTRELLA FUGAZ… by Keren T. Biebeda

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Dibujo un corazón en el cristal con el vaho que sale mis labios, mientras una lágrima se escapa fugitiva donde muere una estrella por el golpe a tu negativa. Todo el mundo llora, eso no es anormal, no es extraño, pero hasta este corazón mío velaba por una unión en amistad duradera donde bailáramos, bebiéramos, riéramos y una vez más nos diéramos al intercambio de lo que es admirar un trabajo bien hecho, lo que era saberse en un cuerpo extraño donde escribir es verse desnudo, indefenso, al descubierto… todos lloramos, todos estallamos, a veces…

No me huiré de los sentimientos que afloraron con tu amistad, aunque esto duela, aunque el compartir se haya acabado, aunque la frenética decisión donde alcanza la razón, no la sepa, la incertidumbre a mis miedos sea creciente en esta noche de luna llena donde el sueño es interrumpido por tu recuerdo… Las lágrimas, son el desahogo de las letras que no me atrevo a decir, escribir o expresar en voz alta… todos lloramos, no me dejaré en este perderse en mí misma… todos lloramos o reímos, cuando el mundo es demasiado para nosotros…

Estoy segura de que lo has visto, estoy segura de que te has enterado. Mis miedos crean un muro que nos separa para estallar donde y de la manera más cruel, dejando la puerta sellada, para que no vuelva el sentimiento, vacío o despojado de la libertad que me brindabas…

Pero hasta en esta libertad comprendida, tuve miedo a decir lo que pensaba con respecto a cómo actuabas o cómo te tomabas mis quejas, no fuimos perfectos, pero intentamos que lo fuera, intentamos no hacer caso al dolor que nos causábamos… hasta el dolor más potente cala cuando no quieres estar ahí, cuando tu cuerpo te avisa enfermo, que ya no es su lugar.

Y es por eso que no podemos sabernos en esta dimensión donde lo hicimos posible pero no puede continuar… no puede haber un desenlace, donde comenzamos, hiláramos los alientos estando en un punto y yo en otro. Los ojos rojos no son por la cobardía, por el miedo o por la negativa, sino porque no se nada tu marcha y mi corazón aun te espera, viejo amigo. Llorar no es lo que más me asusta ni sentir el ahogado grito en mis cuerdas vocales, tampoco saber que no lo hicimos bien… llorar por llorar, no es lo mío…

Me acusa la imperiosa necesidad de gritar de dolor porque, aunque lo tuvimos todo para que todo anduviera bien, lo rompimos cómo un juguete ya usado de mil formas tratadas. Resquebrajada, dañada y visiblemente afectada, borracha de la noche que me embarga, me limito a ver pasar los días, hasta que frenética un halo de cordura, enciendo mi fuego de san juan, para atormentar al dolor. Las lágrimas son la victoria de lo que un día amamos…

Valiente amistad, fugaz, intermitente e inestable… llorar solo me sirve para dejar atrás, para no mirar el dolor, pero reconocer que hasta las almas que un día se quisieron, un día lo derrocharon todo, para no cruzarse nunca más. Me hace pensar en las estrellas fugaces: se iluminan, emprenden su viaje dejando rastro y un día mueren con la promesa de que alguien concederá un deseo…

DESEO…

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