HERIDA ABIERTA by Alejandro Villaverde Viayra

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El río que bordeábamos en nuestro ascenso, según me dijo el guía, cambiaba mucho entre la temporada seca y la temporada de lluvias.

Cuando llovía, Rache era inalcanzable.

Aclaró con mucho énfasis que incluso en temporada seca, nadie en su sano juicio cruzaba la frontera. Era un lugar terrible, ir era una pésima idea. Especialmente en esta época, si demoraba mucho tendría que pasar una temporada ahí dentro.

Rache estaba atrapada en un conflicto bélico, una guerra ideológica desconcertante para un territorio tan pequeño. Era una rareza que al mundo le gustaba pretender que no existía, así que podías descartar la teoría de una intervención externa que alimentara el fuego.

Vecinos matando vecinos, nunca sabías cuando alguien podía decidir dispararte o si recibirías un disparo por error. O una bomba.

Incluso se rumoraba que la marea roja que descendía estaba teñida en sangre de todas las vidas que se perdían ¿cómo podrían morir tantos a diario sin quedarse sin población? Por grande que fuera la ciudad, una potencia de la antigüedad, no tenía sentido.

—¿Dudas ir? —preguntó el guía en lengua común, era evidente que no la hablaba muy bien—. Inteligente.

Probablemente no alcanzaba la mayoría de edad. Era el único que había accedido a subir, aunque vaya que infló el precio y dejó claro que lo conservaría incluso si me arrepentía.

—Esposa o hijos. Piense en ellos y vuelva —insistió—. Incluso volverá la mitad del precio. El resto es mío por protección.

Por un momento, las palabras se atoraron en mi garganta. Si tuviera alguien en quien pensar definitivamente no estaría haciendo lo que hacía.

Porque estaba solo, tenía el lujo de tomar riesgos.

—¿Protección? Pero no has hecho nada —pregunté desafiante en la lengua de Isidor, su lengua natal. Usarla me permitió distanciarme del dolor que me produjo la lengua común.

—Intentar disuadirlo de un suicidio es una forma de cuidado —insistió, cambiando también a Isidor.

Proteger, suicidio, cuidado. Vaya estupidez, no eran más que palabras presuntuosas de un niño que no tenía experiencia en la vida, tan ciego que no se daba cuenta ni si quiera del daño que su comentario previo me había generado.

De pronto, el río hizo ruido. Primero fue un burbujeo y luego comenzó a salpicar agua hacia arriba como una fuente. El sonido que producía el aire siendo tragado por el agua sólo podía compararlo con arcadas o tal vez con el sonido que emitía la garganta de una persona que se estaba ahogando.

Si, la imagen estaba completa en mi mente, alguien se ahogaba en su propia sangre río arriba.

—Así que por esto tienen tanto miedo del río —concluí—, no negaré que es muy… evocativo.

El guía negó con la cabeza.

—El río es como cualquier otro, baja y llega al mar. Lo que trae la corriente consigo, eso sí es terrorífico —aclaró sin quitarle la vista al fenómeno que presenciábamos.

De pronto, algo salió a la superficie. Mi imaginación fue más rápida y lo primero que vi fue el cadáver que ya había retratado en mi mente.

Hubiera preferido que fuera eso.

Un pequeño zapato de bebé salió a flotando. Además de estar empapado en agua roja, estaban en perfecta condición. Eran casi nuevos.

El modelo era llamativo, si los hubiera visto en una tienda en ese entonces, yo…

Intenté alcanzarlos con la mano. Incluso parecía que la corriente me beneficiaba y los estaba acercando.

El guía detuvo mi mano con fuerza.

—Nada de recoger cosas del río.

—¡Pero es basura! —dije, intentando restar importancia a la emoción que me había poseído.

El guía asintió como quien trata con un niño haciendo un berrinche.

—¿Entonces suele flotar ropa? ¿Es porque pertenecen a gente muerta?

—Siempre baja algo diferente —explicó—, algunos incluso vienen esperando que baje justo lo que necesitan, pero siempre termina mal.

¿Qué tan ínfima era la probabilidad de obtener lo que necesitabas esperando en el cause de un río? Sonaba ridículo.

—el puente está adelante, yo me quedo aquí —señaló la silueta de un puente que se veía a lo lejos—. Puede volver conmigo si quiere, le devolveré todo su dinero y nada de esto habrá pasado. Lo que vio en el río debería ser suficiente para saciar su curiosidad.

Podía regresar y hacer como que nada había pasado. Esa oferta me traía recuerdos, era una que ya había rechazado antes.

Me arriesgaba porque perdí a mi familia. Perdí a mi familia porque me arriesgaba. Desde niño siempre me las he arreglado solo, nunca aprendí a considerar a otros en mis decisiones y tan entregado a mi trabajo estaba como periodista que cualquier otra cosa era menos valiosa. Yo era mi trabajo.

Si tan solo pudieran comprender. Si tan solo hubiera comprendido.

—Seguiré, muchas gracias por traerme hasta aquí —era claro que mi guía se sentía asustado incluso a esta distancia—. Y por intentar salvarme.

Nunca nadie lo había hecho. Al menos no sin amenazas.

—¿Cuál es tu nombre?

—prefiero no decirlo tan cerca de la ciudad, no quiero correr el riesgo de olvidarlo por ponerlo en palabras.

Asentí y seguimos cada uno nuestro camino.

Sabía que me estaba acercando a la ciudad por el olor a pólvora, pero también por un aroma nostálgico que no podía ubicar y que sólo se fue haciendo más fuerte conforme más me acercaba. Una vez pude ver la ciudad, su arquitectura no se parecía en nada a la ciudad en la que conocí, pero era como si encajara a la perfección como la otra mitad de un todo completo, podía ver mi infancia en sus espacios y sus sonidos, los pocos negocios que seguían activos eran tan tradicionales que no pude sino sentirme en casa.

De no ser por los agujeros de bala que sobresalían en cada una de las fachadas, diría yo que hubiera sido la ciudad perfecta para quedarse a vivir. Era como si un poco de cada lugar que había visitado en mis viajes me estuviera esperando ahí para encontrarme, los nombres no podía recordarlos, pero si que recordaba las formas en las que me hacían sentir.

Nunca fueron especiales para mi cuando los habitaba, pero verlos revividos frente a mis ojos me completaban en formas que no sabía que me faltaban.

También le ayudaría a la ciudad retirar toda esa propaganda vieja pegada en todos los postes, desde megalómanos que habían intentado someter a todo el mundo hasta revolucionarios (sin relación al anterior) que al final también habían enloquecido de poder.

Una alarma de bombardeo me hizo cubrirme en una panadería siguiendo las señas de una mujer vieja que salió en mi auxilio. Apenas entré, escuche el sonido de cientos de botas golpeando el piso, un pelotón de militares portando el símbolo del dictador en sus bandas avanzó galante a pesar de sus heridas y sus uniformes deteriorados ¿no sabían que ya habían perdido esa lucha?

Uno tras otro, comenzaron a caer como en una pantomima, peleando y luchando contra enemigos invisibles, tomando proyectiles que extraían sangre de las heridas ya presentes pasando exactamente por los agujeros de sus uniformes. Cerca de ellos, un grupo de mineros corría con antorchas en la mano y las sirenas de policía se unieron a la cacofonía de sucesos y recuerdos revueltos en algo indistinguible.

Comprendí que el tiempo estaba desquiciado en la ciudad, que todo pasaba simultáneamente y que los recuerdos eran también lugares. Por eso estaban tan aislados, porque eran incapaces de olvidar, la ciudad encargándose de reproducir y revivir las heridas y victorias.

No había ni arrepentimiento ni nostalgia. Solo estaba el presente.

Aparté mi mirada cuando otra tropa más se unió, siendo demasiado caos como para seguir presenciando y entonces los encontré frente a mi.

La razón por la que estaba ahí. Huyendo. Fui directo al encuentro, como correr en círculos. Para cometer los mismos errores, porque no habian alternativas, solo reproducciones de lo que ya pasó.

A pesar de eso, me atrapó.

Cuando la batalla terminó, una fuerte lluvia lavó la sangre de las calles, el agua enrojecida corría como si fuera herida abierta en el mundo.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Compartido con los 5000 lectores demasticadoresFace

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  2. Scarlet Cabrera dice:

    Me ha gustado mucho.
    En muchos sentidos me recordó a «El corazón de las tinieblas» de Conrad y por ende, a «Apocalypse Now»
    Una lectura que atrapa.

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