ME SIEGA LA PACIÓN by José Yebra

el
Photo by Kei Scampa on Pexels.com

Cuando Elia llegó ayer por la tarde a nuestra casa comenzó a regalar abrazos a todos los miembros de nuestra familia, sin excepción, muy emocionada, casi diría que hasta extasiada y embriagada por la sublime semántica de tan grato momento; luego bendijo la mesa antes de la cena mientras nos cruzábamos miradas de incredulidad y asombro entre nosotros, los Sernández Rebollo. Mi hermano Argimiro casi petrificado, ya con el primer mordisco a un chorizo de la matanza pasada a medio masticar. Y mi tío Atanasio con esos ojos como platos soperos que dejan ver a todas luces lo que está pensando: «¡Pero qué cagondiós ye esto! ¡qué hosties ta falando esta muyer!»

A la mañana siguiente, viernes, Elia madrugó más que nadie en la casa y, como para ella aquel día era santo, nos preparó un opíparo desayuno con todas las viandas que encontró en la alacena. Después subió a su habitación y se colgó del cuello un enorme crucifijo que imantaba nuestras miradas sin remisión hacia ese lugar que definía el límite casi exacto del inicio de la simetría de sus pechos. Muy alborozada, nos inquirió algo nerviosa, «¿cuándo comienza la procesión?» «¿Pero de qué procesión hablas, guajina?», respondió mi padre, Cristóbal Sernández, el Cantu, desde una esquina de la cocina con su habitual tono seco de paisano que nunca regala gratuitamente una sonrisa mientras con la piedra de siempre afilaba  una de las guadañas.

Ahí, justo en ese preciso instante lo comprendí: el anuncio que había yo compartido en redes sociales para alquilar habitación esta Semana Santa era semánticamente confuso desde la más que previsible doble interpretación de una de las palabras. A ver, me explico: A mi padre siempre le han llamado en el pueblo Cristo, el Cantu; yo escribí como titular de puro reclamo, La pación de Cristo a la hora de publicitar el alquiler, porque la familia va emigrando, se vacían las habitaciones y un poco de dinerín extra en estos tiempos económicamente aciagos no viene nada mal, y además tenemos unos prados por estos lares cuya hierba debe ser segada, como es lógico, cada cierto tiempo. Elia lo entendió mal, no me cabe ya la menor duda.

La noto triste ahora. Se acaba de llevar una enorme y desagradable sorpresa. Ha subido a su habitación y ha echado la llave. Al pasar al lado de su puerta, he pegado mi oreja a la misma y la he escuchado rezando un Ave María, casi entre sollozos. Como no se me ocurre nada mejor, voy a prestarle esta camiseta que pone bien grande en todo el pecho me siega la pación para que se anime y así nos ayude con la tarea, que no piense que el alquiler es tan barato solo porque sí, que, aunque no obligatoriamente, se deduce al las claras que alguna colaboración con las tareas agrícolas de la familia es más que bienvenida. En fin, que parece buena persona, seguro que lo comprende y nos bendice muy dichosa la siega antes de escupirse con ganas las palmas de las manos y ponerse manos a la obra con toda la ilusión de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Photo by Jonathan Borba on Pexels.com

pación, la: sust. Yerba [tienro y verde que crez nun terrenu]. 2 Yerba [tienro y verde arrincao d’un terrenu y ensin curar]. 3 Trabayu de segar la yerba que crez en terrenu. Güei nun podemos dir porque tenemos pación. 4 fam. Verdures [de comer].

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s