LA ÚNICA CONDICIÓN by Marcos Bordón

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Desde niños los dos sabían que eran dos almas perdidas que se reencontraron con otras formas y por esa razón, el destino ató cabos, uniéndolos. Se respetaron tanto para no llegar demasiado lejos en cuanto a sexo se tratase, cual religión ortodoxa, aunque a veces suplicaban cruzar la línea de lo prohibido.

​Era cierto, existían métodos para suplantar ese pecado que se asomaba y lo lograron hasta justo cuando sepasearon por el altar.

Jeremías y Grace se dejaron guiar por el sonido del amor. Velas aromáticas, esculturas de flores donde cada quién entronizó al otro. Parecía que vivían en un ensueño que nadie quiso que acabase. Tras el casamiento, eligieron como destino de luna de miel, Egipto. Allí ella se entregaría por vez primera y quería que ese recuerdo sea el mejor.

​El avión despegó, no hubo turbulencias y el azul del éter fue el interludio de lo que parecía perfecto, horas más tarde; el avión llegó al aeropuerto Hassan I, de ahí debían tomar un taxi que los llevaría al hotel que reservaron desde Paraguay.

Lo impensado ocurre como una tragicomedia y, durante el trayecto, el chofer del taxi hizo un movimiento imprudente para no chocarle a un motociclista, sin embargo, no se percataron del camión de gran porte que venía a toda velocidad, no hubo tiempo de desviar y el impacto fue mortal. El chofer del taxi murió al instante, mientras que sus pasajeros parecían estar bien. Jeremías le confesó a su esposa que no sentía las piernas, solo eso.

Grace no sabía cómo actuar, ni siquiera sabían si las personas entendían español, igual la gente empezó a socorrerlos, no fue necesario intercambiar lenguajes gestos eran más que suficiente para entender lo que ocurrió. Grace solo perdió un zapato, después ni siquiera tuvo un solo rasguño.

La ambulancia los llevó al hospital más próximo, minutos después el médico con una mezcla de inglés y un español malo, les explicó que su esposo viviría, pero que se fracturó la columna y que le dificultaría caminar, también les explicó que le afectaría drásticamente su función eréctil. Allí mismo todo el mundo se le ennegreció por esa niebla de tristeza.

​Grace empezó a llorar sin consuelo, hasta se echó la culpa por lo que les pasó, pues fue ella la que eligió ese destino, no obstante, a pesar de lo negativo del ambiente, nadie se imaginaría que ocurriría algo semejante. 

​Todo se convirtió en una terrible pesadilla y de tanto esperar a que él la desflore,  todo había sido en vano.

​Tras la paulatina recuperación, él comprendió que Grace necesitaba continuar con su vida (en todo el sentido de la palabra) y comprendió que era mejor que ella elija ser feliz con alguien más, Jeremías  empezó a sentirse una molestia.

​Hasta consideró indigno la petición que debía hacerle a su esposa, sin embargo, prefería vivir muriendo que, morir sin vivir y tal vez… verla feliz con alguien más, sería su mayor sacrificio.

Cuando se armó de coraje y por fin se atrevió, ella lo miro incrédula, después de un largo proceso de aceptación, tuvo que ceder de tanto ruego de su esposo. Cuando regresaron a Paraguay nadie creyó lo que ocurrió en tan lejano país, más aún que creyeron que Grace permaneció a su lado por amor; lo que nadie sospechaba que fue por un pacto que Jeremías hizo.

​Meses después de aquella propuesta indecente.

​Era de noche, Grace se arregló el cabello, se puso un lindo vestido y su collar que recibió de regalo en el casamiento, tras una tímida despedida, le dio un beso en los labios y dijo…

​—Iré de paseo —giró sobre sí misma y se marchó reluciente.

​Con ese “código”, Jeremías ya comprendía a qué se refería.

​Se quedó solo, aguardando a que su esposa regrese de ser feliz, mientras que él, se aventuraba con álbumes y el deseo de nunca poder tocarla.

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Scarlet Cabrera dice:

    ¿Cuántas decisiones tienen sabor a sangre?
    ¿Cuánto del «no controlamos» define a la existencia, dejándonos en un proceso de anti vida?

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    1. Qué excelentes preguntas. La vida es un paradoja constante y hasta pareciera que el azar lo hace a propósito. ¿Quién sabe?

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