Parvada IV: El canto de Paloma

Fue un tiro directo en el pecho. El mercenario al servicio del gobierno fosfolense no tuvo tiempo de saber siquiera que estaba bajo ataque. «Tienes que estar segura de que el animal morirá desde antes de jalar el gatillo» había dicho su padre hacía décadas. «Una vez tu objetivo esté en la mira, lo único…

Parvada III: El vuelo de Quetzal por Ángel de León

Quetzal tenía ocho años cuando decidió que algún día iba a volar. Caminaba de regreso de ayudar a su mamá en su puesto de comida desde la provincia de los Cinco Lagos en Chiapas, en la frontera entre México y Guatemala. hasta el poblado de Las Margaritas, cerca de Comitán. Su familia vendía antojitos mexicanos…

Parvada II: La visión de Aguilar por Ángel de León

—Tenemos los planos del edificio, lo que no tenemos es tiempo —espetó Quetzal mientras terminaba de vendarse la herida del brazo. A juzgar por la marca, Aguilar infería que una bala calibre 5.57 le pasó rozando—. Demasiado cerca de irse a la mierda. Garza asintió solemne. Iban a bordo de una SUV acorazada al punto…

Parvada I: La apuesta de Garza por Ángel de León

La última vez que el Mayor Garza estuvo en la Confederación Regia, ésta todavía se llamaba Nuevo León. Aquella vez tampoco había visitado un abandonado almacén de tráileres, no portaba su rifle de asalto AK-12 ni el chaleco táctico con seis cargadores. Aunque quizá la diferencia más importante radicaba en que, en el antiguo Monterrey,…

El simulacro (‘Poe no ha muerto’, 45) by Félix Molina

Entre los papeles de George, a quien solo vacacionalmente puedo llamar mi padre, encontré poca cosa de su pareja y madre mía, Mary Wilkins. Pero una carpeta con olores frutales y guardas con caligrafía inglesa antigua se había sucedido en las mudanzas familiares –el  puerto, la campiña, la City–,  con una inscripción inequívoca: ‘Papeles de…

Londres, no London (‘Poe no ha muerto’, 44) by Félix Molina

El 27 de agosto de 1852, John Wilkins y Mary Wilson –ya nunca más Poe y Marie—arribaron a los Docklands del puerto de Londres, tras un agradable paseo fluvial por el Támesis después de tanto y tan duro océano. Los acompañaba una tripulación de cuatro marineros que se desgajaron a su llegada a Europa –como…

Poe, Marie, el Berenice (‘Poe no ha muerto’, 43) by Félix Molina

Llegaron, entre el racimo brumoso y acalorado del Patapsco y la primera luz de las estrellas, a la desembocadura del Outer Harbor. No fue una travesía larga, no podía serlo porque la chalupa que los llevó por el río apenas podía mantenerlos a los tres a bordo. Había veces que Marie rozaba con los volantes…

El fiel Valdemar (‘Poe no ha muerto’, 42) by Félix Molina

Por toda la noche del sur de Baltimore los arrastró Valdemar con su carromato. Su rostro recortaba con pasión y osadía la brisa ardorosa que llegaba del valle. Y con una entrega que no podía ser mentira, pensaban Poe y Marie, devorando detrás suya lascas curtidas de pescado que les parecían un manjar exclusivo, comparadas…