Déjà senti by Marcos Bordón

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Cindy, silente, oteaba a todas partes, pensó ¿en qué lugar estoy?, parecía flotar hacia el éter, como si se aproximase a alcanzar la luna menguante, incluso, esas millones de estrellas muertas que eran hermosas desde lejos, pareciere palparlos con las propias manos, lo extraño del caso que, desconocía esa ciudad en que despertó, con rascacielos y otros monumentos irreconocibles, jadeaba como si hubiese corrido una maratón o haya hecho el amor con fulgor extremo, contempló algunos pájaros que sobrevolaban sobre unos faroles desgastados, el agua era tan celeste y cristalina y había canoeros que paseaban a parejas como en Venecia; ella se vio a sí misma al lado de un hombre de complexión delgada, el rostro sin acné y el pelo tan lacio que, cuando mezclaba sus dedos al peinarlos eran tan suaves; sus ojos tenían un color gris metálico, al menos desde la perspectiva en la que se hallaba colocada.

—Ven aquí a mi lado —indicó aquel ser celestial y sintió como un imán que le aprisionaba.

Obedeció como una enferma en su apogeo de vida que estaba dispuesta a recibir su dosis e inyección de amor; su olor era agradable, mezclado de azahares y lavanda, como anécdota recordó haber repasado ese día e inundó de esos mismos aromas su espacio, tanto ella como a su prometido le encantaba que todo esté perfumado, acto seguido, posó su mano sobre su rostro, era tan suave como tocar la piel de un recién nacido y le dieron ganas de otra cosa, de pronto oyó una voz estentórea que repetía su nombre, no en el sentido de ser insoportablemente injusto, más bien es un susurro que la despertó de ese sueño casi húmedo.

—¡Ey!, ¡Estabas soñando amor!, ¡despierta! —sostuvo John.

—Discúlpame amor, no quise irrumpir tu sueño —se excusó ella, sin embargo, prefería que aquel sueño no terminase.

¿Quién era aquel sujeto? —se Interrogó ella, nunca lo había visto en su vida, o al menos consideró que no, porque era imposible que vea rostros en su sueño de personas o cosas que nunca vio. Pues sabía que los sueños son el reflejo fiel de lo que pasó en algún momento o lo que puede pasar si vamos por lo taumatúrgico. Viajó por los recovecos de sus archivos de memoria, no sabía si fue en una novela mexicana, película, una personificación de sus novelas románticas o algún amigo de la infancia, no halló ninguno, pareciese que se presentó solo para irrumpir su sosiego, no la dejaba concentrarse y John la recriminó muchas veces porque parecía perdida en un mundo de fantasías.

            —Dime qué te sucede, ¿acaso te preocupa nuestra boda?

            —Noo, ¡cómo puedes decir eso!, sabes que te amo —se aproximó a él y posó su cabeza sobre su hercúleo pecho.

            —Debes decirme si algo te molesta, desde ahora no debemos ocultar ningún secreto, cada uno debe ser el soporte del otro y el paño de lágrimas por si necesitase.

«¿Qué le diré? ¿Qué estoy enamorada de un sujeto onírico, que ni sé si existe o no?, hasta podría tildarme de loca. No quiero que suceda eso» —pensó.

—Ahora por ejemplo estás como en un letargo, como si algo te distrajese o intentas ocultarme.

—Lo siento cariño, no es nada… en serio.

Se unieron los labios en un efusivo y tierno beso que luego se transformaron en caricias y algo más.

Pasado un tiempo…

Uno de sus compañeros de trabajo les invitó a ellos en un evento especial, era algo por el vigésimo aniversario de su empresa o algo por el estilo, no le dio mucha importancia y casi no quería ir, pero también irse, le ayudaría a despejarse de su monótona vida.

Ella se vistió de la mejor gala, también John que trajeado era como una fruta prohibida ante las chicas que miraban con interés.

            Estaban divirtiéndose y Cindy decidió ir por una copa de vino a la mesa de invitados. Cuando se acercó, olfateó un perfume que creyó conocer y volteó como si lo llamaba en su subconsciente, de pronto un calosfrío le cubrió todo el cuerpo, era aquel sujeto con quién soñó, él volteó y sintió el mismo efecto como si se conocieran de algún sitio. Se miraron y el flechazo fue instantáneo, ambos no sabían por qué, pero los dos sabían que se necesitaban con urgencias, quizá las feromonas inducían a que se materialice y sin otro prolegómeno, sucedió.

            Se escaparon de la fiesta, subieron al vehículo de él e hicieron el amor. Esa piel sensible y el pelo lacio eran el mismo que palpó en sus sueños, la voz, el aroma inconfundible, incluso miró al cielo y la luna era igual como aquella noche.

            —Debes seguir tu camino y yo el mío —dijo él sin ganas de ofender.

            —Lo sé, estoy comprometida.

            —También yo.

Cindy regresó a la fiesta y vio que John la buscaba con desespero.

—¿Dónde te has metido? —interrogó con preocupación—, hasta pensé que habías huido.

—Solo salí a tomar aire —al contrario, lo había perdido luego de varios orgasmos con aquel sujeto.

John la tomó de la mano e ingresaron de nuevo a la fiesta, ella volteó por si aquel hombre aún estaba ahí o solo fue un espejismo.

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